Victoriano:De Telefónica a comerciante de alimentación

4 de abril de 2025

Victoriano Mulero fue una figura muy conocida en Lorca, un emprendedor que supo transformar su vida a base de esfuerzo, ingenio y dedicación. Sus inicios laborales se remontan a principios de los años 40 del siglo pasado, cuando trabajaba en Telefónica, una ocupación estable pero limitada en ingresos. Sin embargo, su espíritu emprendedor lo llevó a buscar nuevas oportunidades y a incursionar en el comercio de frutos secos y caramelos, un negocio que lo haría prosperar notablemente.
Victoriano comenzó vendiendo frutos secos que él mismo tostaba, así como caramelos que elaboraba en moldes de plomo, dándoles formas variadas, como soldados o pirulíes. En un principio, sus ventas las realizaba recorriendo las calles con un cesto de mimbre, una práctica común en aquella época. Con el tiempo, su negocio fue creciendo y logró alquilar un espacio para su tostadero de frutos secos en un local perteneciente a las monjas Clarisas. Este lugar estaba situado en la antigua calle José Antonio (hoy conocida como calle Corredera).
El negocio resultó ser un éxito rotundo, generando ingresos que multiplicaban por 15 o 20 veces su salario en Telefónica. Gracias a esta prosperidad, logró comprar el local que inicialmente había alquilado. La expansión de su actividad lo llevó a comercializar sus productos en un carro de venta ubicado en la confluencia de la actual calle Corredera con la calle del Cubo, convirtiéndose en un referente del comercio local.
A finales de los años 50 Victoriano construyó un nuevo edificio con 2 plantas encima de la tienda, donde ubicó su vivienda. En la tienda se vendía de todo lo referente a alimentación y tenía fama de tener buenos precios. Había dos puertas de entrada y, en una de ellas, en la calle, colocó una máquina de palomitas que se hizo muy popular. Dentro, los mostradores verdes caracterizaban el establecimiento, donde los productos se vendían tras el mostrador y los clientes pedían lo que deseaban.
El éxito de Victoriano también tuvo un impacto en su entorno familiar. Su cuñada Isabel, abrió una tienda en la Corredera, conocida popularmente como «Isabel la de las pipas», un negocio que también quedó en la memoria de los lorquinos.
Con la llegada de los supermercados, quiso adaptarse y planificó la construcción de una nueva tienda, pero las obras se retrasaron considerablemente. Durante las excavaciones, se descubrieron restos arqueológicos, incluyendo un cementerio y un carro romano. Como resultado, tuvo que hacerse cargo de los costos de las excavaciones arqueológicas, que en principio iban a durar cuatro meses con un costo de 4 millones de pesetas, pero terminaron extendiéndose más de dos años y costándole 20 millones de pesetas. Debió pagar al arqueólogo y a los albañiles, lo que hizo inviable su regreso a la ubicación inicial.
Mientras tanto, se trasladaron a la calle del Álamo y a la calle Pérez Casas para continuar con la actividad comercial. Más adelante, en el Camino Viejo del Puerto, abrieron un almacén de venta al por mayor, pero con el crecimiento del negocio, se les quedó pequeño. En 2005, (este año hará 20 en noviembre), se trasladaron al polígono industrial Saprelorca, donde sus sucesores continúan la empresa con su hijo Pedro como gerente de la sociedad.
La Cámara de Comercio le otorgó la insignia de oro en reconocimiento a toda una vida dedicada al comercio. De sus seis hijos, tres siguieron sus pasos: Miguel, el mayor; Victoriano; y Pedro, el menor de los tres, quien actualmente dirige la empresa. A lo largo de los años, varios de sus nietos también han trabajado en la sociedad.
En una época de posguerra, donde ganarse la vida era difícil, Victoriano Mulero supo prosperar con su trabajo y su saber hacer. Fueron tiempos duros, pero el esfuerzo y la dedicación le permitieron generar ingresos en un contexto en el que los impuestos eran mínimos, a diferencia de la actualidad, donde muchas veces superan a los beneficios obtenidos. Su legado sigue vivo en Lorca y en la historia del comercio local.

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