PLUS ULTRA:CIEN AÑOS DE UNA GESTA,NO DE UN RESCATE

4 de febrero de 2026 - redaccion Eco

El pasado 22 de enero de 2026 se cumplió el centenario del vuelo del Plus Ultra. Y no, señores, no se confundan; no me refiero al sospechoso rescate financiero que a más de uno le ronda la cabeza y que, espero, en un futuro no muy lejano termine haciendo caer a más de un político de esos que tanto abundan hoy. Nos referimos al vuelo heroico, a la auténtica epopeya entre España y Argentina.
Hay que situarse en la mente de 1926 para entender la magnitud de la tragedia si algo salía mal. Hacía tan solo 23 años que los hermanos Wright habían logrado levantar el vuelo apenas 30 segundos. ¡Y de repente, unos españoles valientes y decididos se proponen cruzar el charco! Hablamos de Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda, el teniente Juan Manuel Durán y el cabo mecánico Pablo Rada. Cuatro nombres para la historia.
Los protagonistas de esta hazaña de la aeronáutica partieron de Palos de la Frontera (Huelva) —lugar de donde saliera Colón siglos antes— a las ocho menos cinco de la mañana en una aeronave Dornier Do J «Wal» (ballena, en alemán). Un «pájaro» de 16 metros de largo, con dos motores de 450 caballos y cargado hasta los topes con 3.900 litros de combustible. Pesaba 6.800 kilos y tenía una autonomía de diez horas. Tremendo, oiga, tremendo para la tecnología de la época.
Aunque contaban con el apoyo del rey Alfonso XIII fue la determinación de Ramón Franco y la financiacion del estado de las 300.000 pesetas que costaba el aparato no cayeran en saco roto. El objetivo de este «raid» de siete etapas no era solo batir récords, sino abrir una línea de correo rápido a través del Atlántico.
Recorrieron 10.270 kilómetros en 59 horas y 30 minutos. Pero no crean que fue un paseo militar. Hubo penalidades y averías de esas que quitan el hipo; el mecánico Pablo Rada tuvo que arreglar una hélice ¡en pleno vuelo!, jugándose el tipo sobre la inmensidad del océano.
Antes que nosotros, los portugueses intentaron algo parecido, pero necesitaron tres aviones distintos para terminarlo. Nosotros lo hicimos con uno, y gracias al uso del radiogoniómetro, un dispositivo que permitía orientarse captando señales de radio incluso sin visibilidad. Fue la herramienta clave para sobrevivir a la niebla y al silencio del éter.
Llegaron a Buenos Aires el 10 de febrero de 1926 (tras pasar por Río de Janeiro el día 4), siendo recibidos como auténticos dioses. Aquello fue la demostración de que, cuando España quiere y se quita de encima el lastre de la desidia, es capaz de las mayores grandezas. Actualmente el avion original, que donado por Alfonso XIII, se encuentra en el museo Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo, en Argentina.
Sigan leyendo, aprendiendo y pensando, porque solo conociendo de dónde venimos podremos saber hacia dónde volamos.
Lectura para gente interesante