ADICIÓN A LAS PANTALLASpor Manuel de Jesús Garcia
Es frecuente ver en foros de opinión, en columnas, en televisión y en el mismo Internet, la cantidad de publicaciones dedicadas al uso de las pantallas de los dispositivos electrónicos.
Se habla de la forma en que puede afectar a la salud del usuario como el cansancio visual, el cual se manifiesta con síntomas de ojo seco como sensación de ardor, lágrimas, visión borrosa y hasta rechazo a la luz.
El uso de las pantallas se asocia con: retraso en el lenguaje y psicomotor, menor coeficiente intelectual, menor desarrollo cognitivo y pérdida de la atención sostenida, de manera que el cerebro es muy afectado.
Se ha bautizado como “pantallismo” a la adicción a las pantallas, ya deja de ser un fenómeno novedoso porque tiene varios años enquistado y va incrementándose en nuestra sociedad a nivel mundial y en casi todas las edades.
Al principio se estudió como una situación novedosa que afectaba sobre todo a jóvenes, adolescentes y niños, que hicieron posible nuestra sociedad digitalizada. Se habló del impacto en el rendimiento académico y de que esta adicción puede generar individuos socialmente aislados con problemas emocionales y conflictos familiares.
Investigadores daneses han identificado una huella biológica en sangre vinculada a este hábito, poniendo de manifiesto que el tiempo de ocio con dispositivos se asocia con un riesgo cardiometabólico desde edades tempranas; este estudio fue publicado en Journal of the American Heart Association que ha analizado dos grupos de niños y adolescentes seguidos desde su nacimiento en Dinamarca.
El estudio termina con conclusiones alarmantes sobre los daños asociados a factores como hipertensión, colesterol elevado, resistencia a la insulina y mayor circunferencia de cintura.
El uso excesivo de las pantallas es directamente compatible con el uso excesivo de las redes sociales, provoca adicción, ansiedad, depresión, bajo rendimiento académico/laboral y trastornos del sueño, especialmente en jóvenes, aunque las franjas generacionales no limitan la dependencia, la cual es comparable a adicciones de sustancias y se caracteriza por el aislamiento y el FOMO (“miedo a perderse algo”).
Hay señales que indican las alertas por adicción: • Necesidad de estar conectado constantemente • Irritabilidad cuando no se pueden usar las redes o por falta de conexión
• Ignorar la vida real y las relaciones familiares
La llamada ciberadicción es una dependencia psicológica, similar a la ludopatía, su uso suele ser compulsivo provocando trastornos con consecuencias inmediatas, que si bien es cierto que permite a los usuarios interactuar y comunicarse, compartir opiniones, emociones, etc., no es menos cierto que las redes sociales son un medio para conseguir lejanía entre familiares y amigos. También permite en algunos casos la influencia a veces malsana de manipuladores, muchas veces con identidades ficticias que proceden a estafar, adoctrinar, acosar, amenazar, humillar y hasta conducir a un inocente a cometer actos lesivos a la sociedad o a sí mismo.
Estas afirmaciones podrían parecer exageradas o catastrofistas, pero las evidencias demuestran con un historial de hechos que las pantallas y las redes sociales pueden y están al servicio incontrolado de los buenos y de los malos.
En nuestra próxima edición comentaremos cuál es la relación especial que existe en España entre los políticos y la colectividad, el manejo de las informaciones en redes sociales y la toxicidad que en algunos casos se desprende de ellas.


