CHINA Capitulo III por Juando
Y no menos interesante fue la experiencia con una de las fábricas de ayer cuando fuimos a comer.
Entramos en el parking del restaurante, otra vez en un elegante coche chino que conducía el director.
Nada de sacar tique en la entrada. La barrera hace una lectura de la matrícula, como en España; sólo que en España tienes que tomar un papelito también con el que hacer la gestión de pago.
A la salida, siempre dentro del coche, se muestra un código QR en una pantalla junto a la barrera. El conductor la escanea con su WeChat (una copia china y muy mejorada de nuestro WhatsApp), el pago se valida en menos de un segundo y la barrera se abre sin necesidad de acudir a una ventanilla o a una maquinita con el papelito para efectuar el pago.
¡Qué comodidad! Pero, otra vez, quise defender nuestra metodología europea y le pregunté al chino si no le preocupaba que se guardaran informaciones suyas de donde había estado y cuánto había pagado. Quería defender nuestra honorable legislación de la ley de protección de datos que tantos calentamientos de cabeza nos da pero que tanta protección no asegura.
Su respuesta: ¿tan importante te crees como para que haya alguien interesado en saber en qué parking dejas tu coche?
No quiero echar por tierra nuestros esfuerzos legislativos, pero admito que la pregunta incita a una profunda reflexión sobre si merece la pena todos los esfuerzos, recursos y limitaciones que nos cuesta nuestra intensa legislación en Europa.
A ellos no parece preocuparles mucho.
Ya pagan todo con WeChat. No hace falta llevar dinero ni tarjeta; basta el teléfono (que todos llevamos siempre).
Con eso pagas todo: un café, un taxi, una cena, un préstamo a un amigo e incluso una factura de varios miles de dólares a una fábrica.
No perciben el riesgo de la protección de datos que tanto nos atormenta y nos complica los trámites en Europa.
Ellos ven más bien las ventajas que proporciona un método de pago simple y eficaz.
Me resisto a darles la razón, pero no puedo negar que, como sea, ellos están progresando y cada día veo una sociedad más evolucionada al tiempo que en Europa se nos va desmoronando nuestra economía y nuestra política.
He hablado con gente estos días que, aunque son chinos, se han formado en Estados Unidos y han entendido bien los valores de nuestras sociedades occidentales y nuestros regímenes democráticos. Sin embargo, a pesar de tener una dictadura, ellos defienden a su gobierno.
Aprecian tener un gobierno que se preocupa por hacer que la economía crezca.
Me decían que no tienen ayudas sociales, pero sí todas las facilidades del mundo para emprender y crear empresas.
No pueden elegir a sus gobernantes; pero no les molesta mientras les ayuden a crecer económicamente.
Es cierto que por todos sitios se ven negocios, comercios, fábricas (unas grandes otras pequeñas) pero todo es actividad y creación de productividad. Y me hago mil preguntas sobre nuestras metodologías en Europa.
Tenemos libertad de votar a nuestros dirigentes, pero ¿nos ayudan realmente a crecer?
Nosotros, que éramos la referencia mundial en productividad, innovación y tecnología, ¿qué nos ha pasado para perderlo?
¿Somos nosotros o nuestros dirigentes democráticos los que nos han llevado a este declive?
Y lo que es peor: creo que no nos hemos dado cuenta aún.
Seguimos legislando en los despachos, insultando en espectáculos circenses en los parlamentos y decretando políticas sociales para ayudar a los que no trabajan mientras China sigue creciendo, dominando las tecnologías y apoyando al crecimiento económico para que, precisamente, nadie necesite de políticas sociales.
Nunca podré apoyar una dictadura; es un dogma para mí y va en contra de mis principios.
Hoy estoy boquiabierto por todo el progreso que veo en China y que no había hace unos años.
Pero créanme también que hay cosas que no aprecio tanto o en absoluto de China. Pero eso lo dejaremos para otro momento.
Veo que Weidong está llegando y voy a guardar mi cuaderno para ir a saludarlo.
Es un buen amigo y me apetece charlar con él. Seguro que me dejará sorprendido con más cosas que aún no he percibido en este viaje a China.





