El eterno «4 Latas», un Renault 4 TL de 1977 en estado de museo
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Si hay un coche que define la movilidad rural y urbana de la España de los 70, ese es el Renault 4. Pero encontrar una unidad de 1977 que no haya cargado con sacos de patatas, que no haya dormido a la intemperie en un pueblo de la meseta y que conserve su color amarillo original con el brillo del primer día, es poco menos que un milagro automovilístico.
Nos ponemos al volante de este R4 TL. No es una restauración, es una conservación obsesiva que nos obliga a frotarnos los ojos.
La silueta que desafió al tiempo.
El diseño del «Cuatro Latas» siempre fue una oda a la función sobre la forma. Sin embargo, en este amarillo tan setentero, el coche adquiere una personalidad vibrante. Este modelo de 1977 ya luce la calandra de plástico negro que integraba los faros, un cambio estético que modernizó su rostro frente a las primeras versiones de calandra metálica.
Pintura, el tono amarillo se mantiene uniforme, sin los típicos «quemados» por el sol.
Portón trasero, su quinta puerta, una revolución en su día, abre y cierra con ese «clank» metálico tan satisfactorio y auténtico.
El interior, minimalismo y la «palanca de paraguas».
Subirse a este R4 TL es volver a una época donde el lujo era tener calefacción. El habitáculo es un derroche de espacio y luz gracias a su generosa superficie acristalada.
Lo primero que llama la atención es la palanca de cambios saliendo del salpicadero, el famoso «paraguas». En esta unidad, el pomo de plástico negro no tiene ni una sola grieta. Los asientos, tapizados en una tela robusta de color marrón, conservan el mullido original, recordándonos que el R4 era, ante todo, un coche cómodo para las peores carreteras.
Sensaciones de conducción, la magia de la torsión
Arrancar este motor de 845 cc es escuchar una melodía familiar. No hay vibraciones extrañas, el ralentí es estable, casi musical. Al engranar la primera velocidad con el movimiento horizontal de la palanca, recordamos por qué este coche era el rey de los caminos.
La suspensión de barras de torsión es el alma del R4. Al tomar una curva cerrada, el coche inclina de manera casi cómica, pero las ruedas se mantienen pegadas al asfalto con una tenacidad asombrosa. Es una conducción física, comunicativa y, por encima de todo, divertida. No vas rápido, pero sientes que podrías llegar al fin del mundo si te lo propusieras.
No hace falta un motor V12 ni una firma italiana para atraer todas las miradas en una concentración, basta con un Renault 4 TL impecable y un color que irradie optimismo. Este coche no solo sobrevive, sino que nos da una lección de humildad a todos los vehículos modernos cargados de electrónica desechable.
Ficha técnica
| Motor | 845 cc – Disposición delantero longitudinal |
| Transmisión | 4 velocidades a las ruedas delanteras |
| Frenos | Discos eje delantero y tambor en el trasero |
| Suspensión | Barras de torsión (independiente en las 4 ruedas) |
Versión: Renault 4 TL, 1977
Propietario: Casimiro Castellote Carrera, Vehículos Clásicos Lorca
Fotos: José David Llamas Bastida




