LA JUNGLA DE CRISTAL POR Luis campoy

7 de diciembre de 2024

Estamos en Diciembre, la Navidad está a punto de comenzar y, cuando pienso en películas propias de esta época, tres son las que siempre me vienen a la mente: “Qué bello es vivir”, “Solo en casa” y “Jungla de cristal”. Si me lo permitís, hoy voy a hablaros de esta última. “Jungla de cristal” fue como se tituló en España el film de acción navideña “Die Hard”, que había sido un bombazo comercial en los USA en el verano de 1988. Lo de traducir “Die Hard”, “Duro de matar”, por “Jungla de cristal” (supongo que haciendo alusión a que la trama se situaba en un rascacielos lleno de inmensos ventanales) ya fue un simpático alarde de imaginación que además sonaba hasta poético.
Pero todo había empezado mucho antes, en 1966, cuando el escritor Roderick Thorp publicó su novela “El detective”, que fue llevada al cine con Frank Sinatra interpretando al “poli” neoyorkino Joe Leland. El éxito del film hizo que Thorp escribiese una continuación, “Nothing Lasts Forever” (“Nada dura para siempre”, 1979), que mezclaba la trama puramente policial con la de la película de catástrofes “El coloso en llamas”, ambientada en un rascacielos en el que se desataba un incendio provocado por el ataque de unos terroristas.
Los derechos cinematográficos del libro fueron adquiridos por Twentieth Century Fox, también productora de “El detective”, pero Sinatra se negó a participar en una secuela, de modo que el proyectó durmió el sueño de los justos hasta que a alguien se le ocurrió que su argumento podría servir de base para una segunda parte de “Commando”, si bien tampoco Arnold Schwarzenegger estaba dispuesto a repetir su personaje de John Matrix. Llegados a este punto, el guionista Jeb Stuart recibió el encargo de convertir “Nothing Lasts Forever” en una historia totalmente independiente, por lo que realizó numerosos cambios que, no obstante, no alteraron la esencia del relato de Thorp.
Para empezar, el héroe ya no se llamaría Joe Leland sino John McClane, no estaría retirado sino todavía en activo y no tendría que rescatar a su hija Stephanie Leland Gennaro sino a su esposa Holly Gennaro McClane.
Una vez descartados como protagonistas Frank Sinatra y Arnold Schwarzenegger, fueron muchos losactores que aspiraron a convertirse en John McClane. Tras considerar a casi toda la plana mayor del Hollywood de la época, el productor Joel Silver intentó contratar a Bruce Willis, el joven intérprete (32 años entonces) de la serie “Luz de luna”, pero el ritmo de las grabaciones televisivas impedía su participación en el film, si bien la fortuna les sonrió inesperadamente cuando la co-protagonista del serial, Cybill Shepherd, se quedó embarazada de gemelos y, durante el parón subsiguiente de once semanas, Willis pudo incorporarse a “Jungla de cristal”.
Si el acierto en la elección del héroe era fundamental, no menos importante era la designación del antagonista, el malvado pero, al tiempo, elegante, culto y refinado Hans Gruber.
Silver se había quedado tan impresionado con la interpretación de un desconocido inglés de 41 años, Alan Rickman, en la obra teatral “Las amistades peligrosas” que no dudó en adjudicarle el decisivo papel que le lanzaría de inmediato a la fama. El reparto principal se completó con Bonnie Bedelia (que interpretaría a Holly, la ex-mujer del protagonista), Reginald Veljohnson (el encantador sargento Al Powell) o el antiguo bailarín ruso Alexander Godunov (el estilizado terrorista Karl). El realizador escogido fue John McTiernan, con el que Silver había quedado muy satisfecho tras los buenos resultados obtenidos con “Depredador”; McTiernan accedió en cuanto estuvo seguro de que el guión definitivo contendría mucha acción, sí, pero también tendría las suficientes dosis de humor y esperanza.
Trascendiendo su condición de blockbuster veraniego, “Jungla de cristal” se estrenó en pleno mes de julio y muy pronto se convirtió en un film tan reivindicable como digno de estudio y análisis. Sus peleas, tiroteos y explosiones están rodados con la autenticidad de los efectos físicos de toda la vida, pero su guión sabe retratar con mimo y calidez a todos y cada uno de sus personajes, ya sean los protagonistas o hasta el último de los secundarios. El héroe encarnado por Bruce Willis es valeroso, simpático y atractivo, pero también duda y sangra, lo que hace que empaticemos con él, y su enemigo Hans Gruber (inmenso, pletórico Alan Rickman) está considerado uno de los mejores villanos de todos los tiempos. A él iba dedicada la famosa frase que todos hemos escuchado (y quién sabe si dicho) alguna vez: “Yipi-Ka-Yei, hijo de puta”, toda una contundente declaración de principios.

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