LORCA,una urbe modernapor Miguel Rodríguez»El becario»

1 de mayo de 2026 - redaccion Eco

Hace ya 50 años que vine a vivir a Lorca y, por aquel entonces, me llamó la atención su carácter comercial. Era difícil encontrar un local libre en una buena zona; todo el comercio prosperaba. Tener un bajo en propiedad era tener la vida resuelta: casi cualquier negocio tenía aceptación y, normalmente, en dos años la inversión estaba amortizada a base de constancia, trabajo y buen hacer.
Es cierto que Lorca era algo caótica, especialmente los jueves de mercado. Éramos cabeza de comarca y venía gente de las pedanías e incluso de los pueblos cercanos de Almería.
Teníamos la gran explanada junto a la Plaza de Toros para aparcar y, caminando por la Alameda de las Columnas, lo teníamos todo a mano… y sin coste de aparcamiento.
Hoy, aparcar sin pagar es casi imposible. Desde 2011, las aceras crecen mientras el espacio para circular se estrecha y las zonas de aparcamiento desaparecen.
Las zonas de carga y descarga están siempre saturadas porque no hay alternativa. Ahora, en las furgonetas de reparto deben ir dos personas: una descarga y otra vigila para evitar una denuncia de una policía, a veces poco colaborativa. Antes, si aparcabas un momento sobre la acera sin estorbar, se permitía trabajar.
Hoy, las calles se diseñan para expulsar al coche. ¿Es este el modelo de ciudad que realmente queremos?
Veo carriles bici poco lógicos y peligrosos, especialmente en las intersecciones con las rotondas, por donde pasan dos bicis a la hora mientras los furgones no pueden arrimarse a la acera por culpa de los pinotes instalados para incordiar.
Esta no es solo mi opinión; es la de muchos comerciantes que ven sus negocios arruinarse. entre los impuestos, un IBI alto y un recibo del agua inasumible. Este modelo de ciudad dificulta que el cliente llegue al comercio.
Los bajos van siendo ocupados por otro tipo de negocios, mientras los carteles de «SE VENDE» o «SE ALQUILA» se multiplican, dando a Lorca un aspecto de ciudad en decadencia.
Con una población extranjera que ya alcanza el 22%, vemos cómo proliferan comercios que se retroalimentan entre ellos mismos pero que no suman al tejido comercial tradicional que dio nombre a Lorca, Incluso nuestros bares de siempre van cambiando de manos y van siendo regentados por extranjeros.
Solo nos falta la ZBE (Zona de bajas emisiones) para terminar de «arreglar» el tráfico: así solo pasarán los ricos, y quienes no puedan cambiar de vehículo no vendrán. Esto es un atentado contra la libertad de movimiento.
Parece que el automóvil no pagara ya suficientes impuestos (y en Lorca el sello es carísimo). Además, con uno de los términos municipales más grandes de España, se lo ponemos muy difícil a quienes viven en las pedanías.
Solo vamos al centro por obligación o «devoción»: ayuntamiento, juzgados o a fiestas.
Me resisto a creer que no exista un modelo de ciudad cómodo para todos, donde el automóvil conviva con el peatón y beneficie al comercio.
La Ronda Sur fue una oportunidad perdida para crear aparcamientos; prefirieron, inexplicablemente, las aceras desmesuradas.
Sumado al comercio online y a las grandes superficies, el panorama es desolador. Ahora la gente queda en el centro comercial, porque allí no les cuesta aparcar, no viven con la espada de Damocles encima, tienen tiendas, bares y hasta aseos para comodidad de sus clientes.
Adiós, comercio local, adiós.
Da igual quién gobierne el ayuntamiento; las políticas restrictivas son parecidas.
¿Pueden ser aún peor?
Lamentablemente, la respuesta es sí.