ORIGENES DE LA SEMANA SANTA DE LORCA

4 de abril de 2025

Los Desfiles Bíblicos Pasionales tienen su origen en las fiestas del Corpus y en el resurgimiento de las antiguas cofradías a mediados del siglo XIX.
En un principio, en las festividades del Corpus, las representaciones bíblicas, religiosas y simbólicas se realizaban sobre carros, donde aparecían ángeles, demonios y otras figuras fantásticas. Parece ser que en el siglo XVII estas representaciones pasaron a escenificarse sobre un tablado fijo. En la procesión del Corpus participaban todas las hermandades y cofradías. No se sabe con certeza si estas representaciones bíblicas se llevaban a cabo exclusivamente en la festividad del Corpus o también en Semana Santa; lo que es seguro es que dejaron de representarse en el Corpus y pasaron a formar parte de la Semana Santa.
Los primeros registros de procesiones de Semana Santa datan de los siglos XV y XVI, cuando las hermandades y cofradías religiosas comenzaron a organizar actos penitenciales. Estas primeras manifestaciones eran modestas y se centraban en la representación de escenas de la Pasión de Cristo mediante imágenes llevadas en andas por los cofrades.
Durante el siglo XVIII, con la disolución de los gremios y la lucha contra las manifestaciones religiosas, las hermandades y cofradías dejaron de desarrollarse, aunque no desaparecieron por completo. A mediados del siglo XIX, tras la desamortización de Mendizábal, muchas de ellas desaparecieron. Entre las que lograron sobrevivir estaban la del Rosario y la de los Dolores, ambas vinculadas a la Vera Cruz y a la Sangre de Cristo. La escisión de esta última, con la creación de un grupo de nazarenos blancos en 1852 y otro de nazarenos azules en 1855, dio lugar a los dos pasos principales y sentó las bases de los Desfiles Bíblicos Pasionales actuales.
En 1852, según relata Rosalía Salas en «Lorca y su historia», un grupo de lorquinos solicitó permiso a la Real e Ilustre Archicofradía de Nuestra Señora del Rosario para crear un grupo de nazarenos con túnicas blancas y adornos morados. Asimismo, pidieron sacar en procesión el Viernes Santo por la mañana diversas imágenes, entre ellas la de San Juan, a quien tomaron como patrono. Se unieron entonces a las únicas cofradías que en ese momento procesionaban: los Servitas de las Angustias, la Hermandad del Socorro y la del Rosario.
Había nacido el Paso Blanco, al que se sumaron numerosos e ilustres lorquinos para organizar los desfiles. Cabe destacar que, en aquella época, eran los lorquinos y las familias adineradas quienes sufragaban los gastos de los desfiles.
Pronto surgieron discrepancias, ya fuera por deseos de protagonismo o por diferencias en la concepción de los desfiles. Como resultado, un grupo de nazarenos se separó y formó el grupo de nazarenos azules dentro de la Cofradía de María Santísima de los Dolores o Hermandad de Labradores. Así nació el Paso Azul, cuyos miembros adoptaron túnicas de terciopelo azul bordadas en oro, mientras que los estatutos del Paso Blanco establecían que sus túnicas fueran de lienzo con vueltas de terciopelo morado.
Fue entonces cuando el Paso Blanco sacó el primer grupo bíblico, con 30 personas, representando la entrada de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos. A partir de ese momento, ambos pasos comenzaron a representar diferentes pasajes bíblicos. Fue en esta época cuando se consolidó el estilo único de la Semana Santa de Lorca.
Las rivalidades entre las cofradías del Paso Blanco y el Paso Azul se intensificaron, impulsando la grandiosidad de los desfiles y la inclusión de caballos, carrozas y trajes inspirados en la iconografía bíblica y romana.
Uno de los aspectos que hacen los desfiles lorquinos diferentes es la participación de caballos provenientes de distintas partes de España, realizando impresionantes exhibiciones, mientras que las carrozas monumentales representan escenas del Antiguo y Nuevo Testamento.
El bordado artesanal en seda y oro es otra de las características que diferencia a la Semana Santa lorquina. Los mantos, estandartes y palios son verdaderas obras de arte que han sido reconocidos como Bienes de Interés Cultural.
Durante el siglo XX, la Semana Santa lorquina continuó su evolución, convirtiéndose en un referente cultural y turístico. En 1945 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional,
y en 2007 obtuvo el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Internacional, atrayendo a visitantes de todo el mundo. Actualmente, la Semana Santa de Lorca aspira a ser reconocida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, debido a la singularidad de sus desfiles y la riqueza cultural que aporta a la tradición cofrade española.
Los orígenes de la Semana Santa de Lorca se encuentran en la devoción religiosa de sus habitantes desde el siglo XVI, evolucionando con el tiempo hasta convertirse en una celebración única en el mundo. La combinación de fervor religioso, arte y competencia entre cofradías ha dado lugar a una de las manifestaciones más impresionantes de la Semana Santa en España, consolidándose como un legado cultural de incalculable valor.

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