SÍ, LORCA ES MARIANA

4 de abril de 2025

En mi ciudad de Lorca, donde la fe y la devoción se entrelazan con la belleza de su Semana Santa, la Virgen Dolorosa y la Virgen de la Amargura se alzan como estandartes de una pasión que trasciende el tiempo y que cada año se acentúa más.
Me gusta mucho, no lo puedo remediar, ver al pueblo lorquino engalanado en el día, la tarde y la noche más azul del año. En la jornada más dolorosa de la Pasión de Cristo, emerge, paradójicamente, la luz azulada del corazón de María. Llora de dolor, pero se estremece de alegría al contemplar a su pueblo volcado en devoción, proclamándole que no está sola, que su soledad se disipa entre jaculatorias y las saetas que emanan de los pechos enamorados de los azules sabores, en el que gritan a corazón abierto “viva la Dolorosa”, “Viva la Virgen de los Dolores” .
Cuando el otro viernes la Amargura se dibuja en su rostro de nuestra Virgen, su semblante se torna blanco, hermoso y resplandeciente. En esa única noche blanca, Lorca le rinde pleitesía, postrándose ante su paso solemne por la Carrera. Y su rostro precioso, de ojos misericordiosos, deja tras de sí un eco de amargura contenida. Quisiera detener el tiempo en ese instante, en ese momento en que la multitud proclama su belleza con un ¡Guapa, Guapa, Guapa! que resuena como un himno de amor mariano que disipa la tristeza.
Vienen vestidas de oro, tejidas con el rito de la pena, con la flor que se estremece en seda, tisú o terciopelo. En su pecho late el corazón de Lorca, cuna de una pasión azul y blanca y una belleza blanca y azul. Porta consigo el afilado crucero de un puñal azul, la una, que no es sino el detalle de un beso suspendido en nubes de espuma blanca, la otra, tan bella como la reina del cielo. Resplandecen en ella los imperiales que un día la proclamaron bendita entre las mujeres, irradiando en loor de una Divina Señora.
Viene lorquina, con la gracia de la Torre Alfonsina, y se pasea desde la orilla de la Alameda hasta la Plaza de España. Trae consigo un regalo de esperanza, un fragmento del universo, esparciendo alegría por la estela de su manto blanco y azul; azul y blanco. A su paso, deja el “bonus odor Christi” y el cariño de los lorquinos; tras de sí, el compás de la música, el amor de los niños, porque todos en ese momento lo somos y las lágrimas de los que nos conmovemos cuando nos roza su mirada.
Al fondo de la Semana Santa, se divisa el gozo pascual, y Lorca, extasiada en su hermosura, arranca de su pecho un piropo que resuena entre los muros de su vasta historia: ¡Viva la Virgen Dolorosa! ¡Viva la Virgen de la Amargura! Porque en Lorca, la fe no se apaga, la devoción se borda y la tradición se perpetúa. No temo a los detractores de la fe, ni a los que pretenden arrancar las raíces cristianas. En Lorca brilla con fulgor del salmo 23 «Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo».
La Amargura y la Dolorosa pisan, con su dulzura y su pasión, la cabeza del enemigo de la fe. ¡Sí, me fascina ser de Lorca!, porque Lorca es única, Lorca es cristiana, Lorca es pasión, Lorca es MARIANA.
Rosario Segura

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