2025: EL FUTURO QUE NOS PROMETIERONY LA ESPERANZA QUE NOS QUEDA
Tremendo, oiga, tremendo cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando mirábamos el calendario con miedo al efecto 2000 y, fíjense ustedes, ya estamos a punto de despedir el 2025. Estamos en esa época del año en la que toca hacer balance, mirar atrás y, por qué no, mirar hacia adelante con una ceja levantada y la otra llena de esperanza.
A menudo, para entender el presente, me gusta echar la vista atrás, y lo que veo es que la realidad nos ha dado un buen plantón. Ya hemos sobrepasado con creces las fechas que la ciencia ficción nos marcó en rojo en la agenda. ¿Se acuerdan de Regreso al Futuro? Marty McFly viajaba al «lejano» 2015 y se encontraba con coches voladores y monopatines que levitaban. Pues aquí seguimos, diez años después, con las ruedas bien pegadas al asfalto (y esquivando baches, que de eso en nuestras carreteras sabemos un rato).
O peor aún, aquel capítulo de Star Trek, «La semilla espacial». Según el guion, en 1999 unos superhombres genéticamente modificados eran condenados a vagar por el espacio en criogénesis. Y miren dónde estamos: en realidad, ni siquiera hemos vuelto a pisar la Luna. Nos dicen que la misión Artemis 2 tan solo orbitará nuestro satélite allá por febrero de 2026.
Vamos con retraso, señores, con mucho retraso.
Da la sensación de que en esta primera mitad del siglo XXI hemos pisado el freno. Parece que hemos desacelerado en lo que a grandes avances tangibles se refiere. Mientras el siglo XX nos llevó del caballo al cohete en unas décadas, nosotros nos hemos quedado atrapados en la pantalla del móvil. Pero, y aquí viene el «modo optimista activado» (que no irónico esta vez), tengo la esperanza de que esto sea solo una pausa. Una de esas pausas dramáticas antes del gran acelerón.
Creo firmemente que hoy estamos viviendo el comienzo de una verdadera revolución tecnológica donde la Inteligencia Artificial es la protagonista indiscutible. Y no hablo de una tecnología para que cuatro listos se forren o para crear más «contenido vacío», sino de una herramienta que sirva al hombre.
Espero que esta chispa tecnológica sea la adecuada para ayudarnos a trabajar menos horas y de manera más eficiente. Que sea el hilo conductor hacia la eliminación de la pobreza y no una excusa para crear más brechas. Porque, oiga, una sociedad avanzada no es la que tiene más gadgets por habitante; una sociedad avanzada es aquella que no está dividida en clases, que no está rota entre ricos y pobres.
En estas Navidades, quiero ser optimista. Quiero creer que aún es posible una sociedad moderna potenciada por las personas, donde usemos la razón para avanzar hacia el futuro y no las vísceras para pelearnos en el presente. Nos va la vida y la economía en ello.
Quizás los coches no vuelen todavía, y Khan Noonien Singh no esté congelado en órbita, pero tenemos en nuestras manos la capacidad de construir un 2026 donde la tecnología nos haga, por fin, un poco más humanos y un poco más libres.
Sigan pensando, sigan leyendo y, sobre todo, Feliz Navidad.
A. J. Rodri.

