Empatia
Recientemente un informe de la Comisión Europea ha desmontado la versión oficial del Gobierno de España sobre los beneficios de intervenir el mercado de la vivienda con control de los precios de los alquileres, cuya defensa fue encabezada por Pedro Sánchez y la ministra de Vivienda Isabel Rodríguez en el Congreso de los Diputados. Los economistas de la Unión Europea colocan a España a la cola de la emancipación de los jóvenes, tomando como referencia el problema de la vivienda para visionar la realidad de la situación juvenil en España, como problemática actual y proyección de futuro.
Un trabajador tomado al azar en España, que tiene como ingreso el aplaudido por el gobierno salario mínimo interprofesional y que tiene una esposa que también trabaja, con un ingreso casi parecido al de su marido. Se ven en la necesidad de alquilar un piso para vivir con sus dos hijos en edad escolar, tienen que desembolsar mensualmente aproximadamente el veinte por ciento de la sumatoria de ambos salarios sólo para pagar el alquiler. A eso se debe agregar el pago de los servicios de agua, electricidad y telefonía. Además deben pagar la cuota del coche, imprescindible para desplazarse hasta el sitio de trabajo ya que la vivienda la alquilaron en el extrarradio de la ciudad en la que viven porque de otra manera sería imposible pagarla o incluso conseguirla debido a la altísima y creciente demanda. Hay que agregar que el coche también genera unos gastos lógicos como lo son el seguro, los impuestos, la ITV, el combustible, las reparaciones y mantenimientos preventivos, además del gasto del parking. Si continuamos haciendo la lista de las necesidades de esta familia de la clase trabajadora típica española contemporánea debemos suponer que tanto la pareja como sus hijos tienen necesidades básicas y fundamentales como son la ropa, el calzado, el transporte, los útiles escolares y por supuesto la alimentación.
Sobre el encarecimiento de los alimentos y el espectacular incremento de precios, se requiere un artículo aparte para poder desglosar como ha sido el ritmo creciente de los precios de los alimentos básicos como la carne, los huevos, el pescado, las verduras, hortalizas, frutas, la leche y sus derivados, el pan y los cereales… En fin, todo ha subido de precio.
El Gobierno ha implementado ciertas “ayudas” con la finalidad, según sus voceros, de hacer que la clase trabajadora pueda complementar sus necesidades y tener una vida “más digna”. Por supuesto que estas ayudas no logran mejorar la vida de los trabajadores, quienes tampoco ven con buenos ojos que muchos habitantes del país, cobren ayudas sin sin dar un palo al agua, sin contribuir con su esfuerzo al desarrollo del País y que además una creciente cantidad de personas beneficiadas ni siquiera hablan nuestro idioma, ni pretenden integrarse en nuestra sociedad con nuestra formas, con nuestras tradiciones y cultura. Pero quienes gestionan y administran los recursos públicos sienten mucha empatía con los más necesitados y notorias cifras record las recaudaciones de impuestos con los que sostienen un gasto burocrático abusivo y transgresor.
Pero se trata de ser empáticos, se trata de mantenerse en el poder, para seguir administrando lo que nada les cuesta, porque a quienes les cuesta les toca aguantarse, esperar la reelección que pretenden que los mantenga empatizando con quienes se benefician realmente unos años más. La empatía es con estratos y estamentos que realmente se aprovechan de la nefasta gestión gubernamental con la cual están comprometiendo cada vez más el futuro; debido a las deudas que siguen adquiriendo con las que están hipotecando a nuestros jóvenes.
Es con nuestros hijos y nietos con quienes se debe ser empático no con quienes ven en España las minas del rey Salomón en donde todo es fácil y seguro.
No es con los chiringuitos que dependen de los recursos de los españoles que administran nuestros empáticos gobernantes, no es con los gobiernos de otros países con los que se debe empatizar con donaciones para hospitales, escuelas, carreteras y muchas más cosas. La empatía para los propios españoles que no solamente ven mermado el plato de cocido a la hora de comer, sino que además sienten como su prestigiosa sanidad pública va colapsando vertiginosamente, que nota que ya no hay la misma seguridad en las calles que hubo hasta hace pocos años, que siente que le cuentan muchas historias cargadas de fantasía.
Los españoles entienden cuando les mienten a la cara, con una sonrisa falsa y con palabras que ya no cuelan por muy empáticas que parezcan.
Seguiremos empatizando en la próxima publicación si las circunstancias lo permiten.
Manuél de Jesús García


