“LA SEMILLA DEL DIABLO”, por Luis Campoy

4 de noviembre de 2025 - redaccion Eco

No me cabe ninguna duda de que el verdadero villano de “La semilla del diablo” (1968) es… ¡el traductor!.
La novela que dio origen a la película la escribió en 1967 el neoyorkino Ira Levin, que ya ostentaba cierto prestigio desde que, con apenas 25 años, se diese a conocer con otro libro de gran éxito, “Bésame antes de morir” (1954).
La nueva obra de Levin la publicó la editorial Random House y se tituló simplemente “Rosemary’s Baby” (“El bebé de Rosemary”).
En muy poco tiempo se convirtió en la novela de terror más vendida de la década de los sesenta, y estaba cantado que Hollywood tenía que fijarse en ella. Lo hizo Paramount Pictures, que, de hecho, había adquirido los derechos incluso antes de que las librerías comenzaran a distribuirla.
Fue Robert Evans (futuro factótum de “El Padrino”) quien ostentó las taras de producción, y como primer y único candidato a dirigirla, tuvo siempre en mente al polaco Roman Polanski, de quien le gustaban mucho sus primeros films “El cuchillo en el agua” y “Repulsión”.
Polanski se leyó el libro en una sola noche y de inmediato aceptó hacerse cargo de la película, siempre y cuando se le permitiese escribir el guión también, cosa que Evans le concedió.
Al igual que la novela, la película cuenta la historia de Rosemary Woodhouse, una joven ama de casa que, junto a su marido, el aspirante a actor Guy Woodhouse, se instala en un edificio de apartamentos algo lúgubre y desasosegante, el Bramford, situado en el Upper West Side de Nueva York, al oeste de Central Park, “con habitaciones enormes de techos muy altos”. Muy pronto, Rosemary y Guy entablan amistad con un matrimonio de ancianos, Minnie y Roman Castevet, que se toman muy en serio el bienestar de los recién llegados. A Guy le ayudan a conseguir un papel en una obra de teatro, justo cuando el favorito para protagonizarla se ha quedado misteriosamente ciego, y a Rosemary la animan y le insisten para que se quede embarazada, como si estuvieran muy ansiosos para conocer, criar y adorar a su futuro bebé: el bebé de Rosemary. Lo que todos los lectores de la novela y los espectadores de la película de todo el mundo mundial no descubrían hasta el final de ambas, los españoles lo conocían en el propio título.
“La semilla del diablo” es el mayor y más tremebundo spoiler de la historia de la Cultura universal, y el único consuelo es que, aun a sabiendas de lo que va a suceder, el film (al igual que el libro) es tan bueno que el suspense y la tensión no decaen hasta su desenlace.
Para protagonizar la película, Polanski se había fijado en Tuesday Weld, pero Robert Evans estaba empeñado en sacar de su retiro forzoso a la joven Mia Farrow, conocida por la serie “Peyton Place” y esposa por aquel entonces del mismísimo Frank Sinatra, a quien éste había “convencido” para que dejase de actuar. Tanto se enfadó Sinatra cuando Mia aceptó la película, que durante el rodaje envió a su abogado con los papeles del divorcio.
Para interpretar a Guy, los primeros candidatos fueron el recientemente fallecido Robert Redford y Jack Nicholson, pero Polanski quería a alguien menos conocido y eligió a John Cassavetes, que asímismo había iniciado una carrera como realizador.
Los roles secundarios fueron para Ruth Gordon, Sidney Blackmer (los Castevet), Maurice Evans, Ralph Bellamy o Charles Grodin. William A. Fraker realizó la fotografía y Kzrysztof Komeda, paisano de Polanski, compuso la música, siendo la propia Mia Farrow quien entona o tararea la nana que constituye el tema principal.
La película supuso un enorme éxito comercial y sobre todo de crítica, deparando a Ruth Gordon el Oscar como Mejor Actriz Secundaria.
Pero muy pronto comenzó la leyenda negra que desde siempre ha acompañado al film. El 23 de Abril de 1969, el músico Komeda, a punto de cumplir sus 38 años, murió a causa de un “fatídico accidente”, y el 8 de Agosto de ese mismo año, la esposa de Polanski, Sharon Tate, fue asesinada por la tristemente famosa “Familia Manson”, una secta satánica liderada por el demente Charles Manson; Sharon estaba embarazada y a apenas dos meses de dar a luz.
Y, por asociación, la supuesta maldición del Edificio Dakota, que hizo las veces del Bramford del libro para el rodaje del film, también acabó arrastrando a la película.
El Dakota ya tenía fama de “edificio maldito”, en el que, entre otras desdichas, se registraban las apariciones del fantasma del actor Boris Karloff, uno de sus ilustres habitantes, y alcanzó su más alta cota de (im)popularidad cuando, el 8 de Diciembre de 1980, John Lennon, también un famoso residente, fue asesinado al salir del inmueble. Espero que la maldición no nos acompañe a todos quienes, incautos cinéfilos o morbosos inconscientes, nos hemos sacado una triste fotito ante su fachada…