LUCES Y NAVIDAD por Rosario Segura
Es tiempo de luces, villancicos, terrazas llenas y cenas que parecen querer cerrar el 2025 con un brindis, en una luna creciente para unos y “un brindis al sol” para otros. Fuera del escenario quedan la ansiedad tratada, la precariedad que se cronifica, la soledad que se disimula y una violencia sexual que con las fiestas se recrudece. Estos temas los deseamos fuera del paisaje de diciembre, pero no por ello menos reales. Una realidad que en ocasiones muchos jóvenes esperan distraerla con sustancias o medicamentos ansiolíticos. En este sentido, el consumo recreativo de los hipnóticos y sedantes aparecen como una forma de anestesia cotidiana. En España el consumo anual de este tipo de medicamentos (12%) está a nivel del cannabis (12,6%), lo que indica una cierta normalización de la llamada “química de la calma”.
Por otro lado, hay que recordar que, en el plano económico, el Ingreso Mínimo Vital funciona como un salvavidas, sobre todo en estas fiestas, pero el aumento de este recurso, sugiere hechos incómodos. Pues lo que pone de manifiesto es que crece la vulnerabilidad estructural, en donde campan a sus anchas el empleo precario, la vivienda inaccesible y por ende una desigualdad persistente.
También ahora se habla y mucho de la deriva de Rosalía al plano religioso y reaparece como una sorpresa que descoloca a los más escépticos. Lejos de ser solo una moda, puede leerse todo esto como una búsqueda de sentido a la vida en una sociedad donde todo parece negociable y la identidad se vuelve cada vez más difusa.
Sin embargo, la Navidad, aunque preciosa, intensifica dos realidades duras e intensas. La primera es la soledad, pues 1 de cada 5 personas (20%) sufre soledad no deseada en España, y entre jóvenes de 18 a 24 años sube al 34,6%. Y la segunda es la violencia sexual, ya que, en 2024, la Región de Murcia contabiliza 890 delitos contra la libertad sexual, un 23,4% más que el año anterior. (Europa Press 15/12/25).
En este contexto la próxima San Silvestre suena a metáfora, porque con la que está cayendo, representa el valor del esfuerzo, la recompensa de acabar lo que se empieza, calles con gente sobria, reglas compartidas y cuidado mutuo. Creo que la reducción de la violencia sexual pasa por eso, por ser una “maratón” social de largo recorrido que exige prevención, educación afectivo-sexual, recursos para víctimas, ocio más seguro y responsabilidad institucional sostenida.
Las luces de Navidad ayudan a socializarse, la carrera también, pero el uno de los objetivos de esta es que, al apagar el alumbrado de las calles, la ciudad siga siendo habitable para todos, especialmente para quienes hoy viven con la incertidumbre del mañana.



