INDIGNACIÓN: EL OCASO DE LO QUE FUIMOS
INDIGNACIÓN: EL OCASO DE LO QUE FUIMOS
Estoy que no me lo creo. No me creo que ya no sepamos hacer las cosas bien.
¿Qué ha pasado en nuestro país? Éramos trabajadores incansables, éramos valientes. Nuestro ejército era temido en el mundo entero, tal vez no por equipación, pero sí por actitud, gallardía y templanza.
¿Qué ha pasado con nuestras fábricas, nuestros petroleros, pesqueros y fragatas que eran la envidia del mundo? Por cierto, no olviden que en 1974 se botó en Ferrol un petrolero llamado Castillo de Lorca, símbolo de una potencia que hoy parece de ciencia ficción.
No me creo que, habiendo tenido la mejor sanidad del mundo, tengamos ahora a nuestros enfermos tirados en los pasillos.
No me creo que, cuando yo era pequeño y pillabas un resfriado, mi abuela me llevaba al médico ese mismo día y, aunque salieras de allí a las tres de la tarde, eras atendido. Te ponían un parche, un remiendo y ¡ale!, a seguir currando o estudiando, que no había tiempo que perder.
No me creo que ahora, en la era de la eficiencia, te den cita a quince días vista.
No me creo que, siendo pioneros hace treinta años y la envidia de la alta velocidad en todo el planeta, hoy, en pleno 2026, hayamos tenido accidentes con 47 víctimas mortales y una cuenta perdida de incidencias y limitaciones. Es vergonzoso comparar las vibraciones de nuestros trenes con los japoneses o chinos. Algo se ha roto por el camino.
No me creo que en la era de los emails, de Amazon y de los paquetes en la puerta de casa, una empresa nacional como Correos tarde 23 días en entregar una carta que salió de Murcia el día de Navidad para llegar el 22 de enero a Lorca. Simplemente no doy crédito. Es la ineficiencia elevada a categoría de arte.
No me creo que con las últimas tecnologías —pizarras electrónicas, tablets, ordenadores y nuevos métodos de cálculo que nos dejan a los padres con cara de burro— todavía digamos en 2026 que el sistema educativo es un desastre y una fábrica de analfabetos. Tenemos más medios que nunca para formar peor a clases con menos alumnos que nunca.
No me creo que la policía no tenga chalecos, que no se les reconozca como profesión de riesgo y que vivamos en el mundo al revés: detienen al malo y la justicia lo suelta en el mismo día con una palmadita en la espalda. Es un insulto a quienes se juegan el tipo en la calle.
Es difícil de creer. No quiero repetir eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero o espabilamos o esto colapsa. Esto se va por el desagüe. Aunque solo sea por nuestros muertos, por nuestros padres y abuelos, que sí fueron trabajadores incansables y se lo curraban por cuatro duros para sacar la familia adelante.
¡Levantaos ya de una vez y comenzad a poner orden!.
¡Somos Españoles! Siempre hemos sabido hacer con la mitad el doble que los demás.
Sigan leyendo, aprendiendo y pensando, porque solo así seremos libres.
A.J. Rodri.


