GRUTA NTRA. SRA. DE LOURDES

4 de febrero de 2026 - redaccion Eco

Ya saben que para entender lo que somos, hay que mancharse las botas con el polvo de nuestra historia y, a veces, elevar la vista hacia las bóvedas que otros levantaron antes que nosotros. Hoy les traigo un relato donde la piedra, la fe y la voluntad de hierro de una mujer se entrelazan en uno de los rincones más singulares de nuestra Lorca: la Gruta de la Virgen de Lourdes.
Entre Mármol y Apariciones:
El origen francés
Todo comenzó lejos de nuestras tierras, el 11 de Febrero de 1858, cuando una joven llamada Bernadette Soubirous cambió el destino de un pequeño rincón del Pirineo francés. Relataba la muchacha que se le aparecía una «señora», a la que llamaba «Aquéro» en su occitano natal, hasta en 18 ocasiones, en la gruta de Massabielle, en el pequeño pueblo de Lourdes.
Aquello movió cimientos: el obispo de Tarbes, Monseñor Laurence, no tardó en comprar la gruta y para 1864, una imponente estatua de mármol de Carrara, obra de Joseph-Hugues Fabisch, ya presidía el lugar. Con su cinturón azul, sus rosas doradas en los pies y aquella inscripción , en occitano, que aún resuena —«Que soy era Immaculada Councepciou»—, se configuró un centro de fe mundial.
Lo que pocos imaginaban entonces es que esa misma esencia viajaría kilómetros hasta instalarse en el corazón de un convento lorquino.

Piedras Franciscanas:
El Convento de San Francisco
Si hablamos de San Francisco en Lorca, hablamos de una historia de mudanzas y tesoros arquitectónicos. La fundación se fraguó entre 1549 y 1561 tras varias donaciones de tierras que acabaron permutándose por el solar actual, buscando una mayor cercanía con la gente que el convento de las Huertas.
Allí, maestros como Pascual Ventura en la escalera o los canteros Pérez Crespo y Diego Milanés en el primer claustro (iniciado en 1658), fueron dando forma a un edificio que respira historia.
Con sus dos claustros —el primero de arcos sobre pilares y el segundo, más sobrio, de ladrillo y mampostería de 1740— y las intervenciones de Lucas de los Corrales en 1771, el convento se convirtió en una pieza clave de nuestra identidad urbana.
Sin embargo, tras la desamortización de Mendizábal, el exconvento cambió su hábito por la bata blanca, convirtiéndose en hospital de beneficencia. Desde 1859, las Hijas de la Caridad —nuestras queridas «Sores de San Vicente de Paúl»— asumieron su gestión, marcando una época de entrega asistencial que perduró hasta 1974, cuando el relevo pasó al nuevo Centro Comarcal de Salud y a la Residencia Santa Rosa de Lima.
El Milagro de
Sor Vicenta (Úrsula) Ravel
Pero la historia, amigos, la escriben las personas, y Lorca le debe mucho a Ursula- Germana Ravel, conocida luego como Sor Vicenta.
Antes de ser la salvadora de nuestro hospital, esta mujer fue testigo directo de lo divino: estuvo junto a Bernadette Soubirous en ocho de las apariciones de 1858. Su testimonio fue vital años después, en 1878, cuando desde Lourdes le pidieron que testificara por escrito para reconstruir aquellos hechos que cambiaron el mundo.
Tras ingresar en las Hijas de la Caridad y pasar por destinos como el Burgo de Osma o Madrid, llegó a Lorca en 1882 como Hermana Sirviente del Hospital de San Francisco.
Su misión era triste: cerrar el convento por ruina económica. Pero Sor Vicenta no era mujer de rendirse. No solo saneó las cuentas y salvó la institución, sino que en 1894, movida por su nostalgia y devoción, mandó construir en el claustro una réplica exacta de la Gruta de Massabielle con piedras traídas de Lourdes.
Un Legado Incorrupto
Sor Vicenta falleció en nuestra ciudad el 17 de octubre de 1903. Al exhumar sus restos en 1908, el asombro fue general: su cuerpo estaba incorrupto. Para el pueblo de Lorca, que tanto la admiró por su caridad, aquello fue el signo definitivo de su santidad. Desde 1967, tras décadas de fervor popular, sus restos descansan finalmente bajo la misma gruta que ella mandó levantar, uniendo para siempre los Pirineos con el Guadalentín.
En Lourdes, desde la Pascua hasta octubre, se celebran diariamente dos procesiones: la Eucarística (16:30h), que busca la bendición de los enfermos, y la de las Antorchas (20:45h). Se utiliza una vela siguiendo el gesto de Bernardette en las apariciones, simbolizando la luz de la fe.
En Lorca, cada año, el 11 de febrero se celebra la primera aparición con la conmemoración de la procesión de las Antorchas.