Siete años de «progreso» y tres céntimos de plástico
Asustado estoy, querido lector. Asustado, y no es para menos, con el gobierno que tenemos. Echando la vista atrás, cuando quitamos al anterior inquilino de la Moncloa mediante aquella famosa moción de censura, los motivos me parecieron lógicos en cierta medida. Mariano Rajoy me pareció un tipo fuera de contexto; en una España idílica y sin problemas habría sido un excelente gestor, pero nunca lo vi atento ni valiente para lidiar con todo lo que le rodeaba. Pero claro, viendo que hoy se repite la historia de la corrupción y el amiguismo, con la diferencia de que esta vez parecen ser totalmente inmunes… apaga y vámonos.
Al actual presidente, Pedro Sánchez, en su constante «intercambio de opiniones» (por no llamarlo de otra forma), los españoles y nuestros problemas reales se la traen floja. Llevo siete años sufriendo, y ojo, que esto es objetivo, no subjetivo. Entiendo que a unos les irá bien la fiesta y sacarán tajada, pero en mi caso, tengo hasta una lista de agravios. Pasen y lean:
El atraco del confinamiento: Me faltaban apenas seis meses para terminar de pagar mi hipoteca cuando nos encerraron a cal y canto. Sin trabajar y en casa, pero ¡ay amigo!, ni el IVA, ni las hipotecas, ni los impuestos se congelaron. Tú sigues pagando, y si no puedes porque te han cerrado el negocio, te sacas un préstamo que ya me lo pagarás. Sin anestesia ni nada.
La sangría de los autónomos: Subidas masivas de la cuota. Cada vez que se les llena la boca anunciando una subidita del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), ya sabéis lo que toca: subidita a la cuota del autónomo, que para eso estamos, para pagar la fiesta.
Derechos fantasma: Nos han colado una «reestructuración» de la cuota para darnos por saco y quitarnos la libertad de cotizar por lo que nosotros consideremos oportuno. Todo con la excusa de conseguir unos maravillosos «derechos» que, francamente, no vemos por ninguna parte.
Y luego están los detalles que te dejan la cara a cuadros. El impuesto al plástico. «Es solo un céntimo», te dicen los eruditos. Pues el otro día le tuve que prestar a un pobre diablo en la cola de un restaurante de comida rápida tres céntimos de euro para poder cuadrar una cuenta de 10,03 euros. Sí, señores, los tres céntimos del dichoso plástico. ¡De traca!
Y para rematar el despropósito, durante el mandato de este señor hemos llegado a ver cómo el diésel vale más que la gasolina. Lo más normal del mundo, oiga, total, los camiones de mercancías no usan diésel, ¡son todos eléctricos de última generación! (Modo irónico activado, por si a alguien le quedaba la duda).
En resumen: más de cien subidas de impuestos que pagamos todos de nuestro bolsillo. Y a todo esto, súmale la friolera de 97 imputados y 15 causas judiciales sobrevolando a este presidente… Lo que hay que aguantar.
¿Qué quieren que les diga? Yo quiero otro. Y para eso la solución es simple, democrática y ya va siendo hora: YA NOS TOCA VOTAR.
El Eco del Guadalentín. Lectura para gente interesante.






