Mié. Sep 30th, 2026

NO HAY POR DÓNDE COGER EL HILO

Veo las noticias y, sinceramente, ya no hay por dónde coger el hilo. Mi atención se disipa entre tanto despropósito; el foco ya no sé ni dónde ponerlo. Estoy sobrepasado. Váyanse todos a esparragar, por donde amargan los pepinos, y hagan el favor de volver al estercolero del que salieron, que estábamos mucho más tranquilos sin ustedes.
Vean un momento el panorama. Ceuta invadida. Los ataques, robos y violaciones ya no son noticia de portada, ¡qué va!, ya es la nueva normalidad. Y de las 140 almas que se quedaron en la frontera, ni media palabra. Como si no fueran personas, como si jamás hubieran existido. Silencio sepulcral.
Luego nos enteramos de descaradas coacciones a jueces. Más leña al fuego. Imputados y condenados a mansalva, y ahí tienen a nuestros flamantes ministros diciendo no sé qué milonga de que los jueces son unos «fachas» simplemente por hacer su trabajo. Claro, oiga, que la justicia mola mucho y es el pilar de la democracia hasta que el reo es uno mismo o el compañero de partido. ¡Tremendo, oiga, tremendo!
Y para rematar el esperpento, nuestro presidente, convertido en el hazmerreír en la mismísima Universidad de Harvard, diciendo con cara de mártir que se siente «perseguido» y que lo de su familia no es corrupción, es… bueno, lo que sea que se les ocurra inventar hoy para salir del paso.
Mientras tanto, tenemos a un ministro de Transportes que le da a la tecla de Twitter (perdón, X) como un auténtico community manager nivel experto; eso sí, en estricto horario laboral. Dedíquese a lo suyo, señor mío, que menudos trenes de la bruja y carreteras de tercera tenemos en este país, que cualquier día llegamos antes en burro.
La gasolina y el gasoil rozando los 2 euros, con previsiones de seguir subiendo para que no decaiga la fiesta. De aquí a nada nos va a salir más barato echarle un buen whisky de malta al depósito del coche a ver si arranca. Porque, seamos sinceros, con la que está cayendo ya tenían que estar las calles tomadas con protestas cada cinco minutos. Pero no, aquí tragamos, obedecemos y volcamos la cartera en las arcas del Estado.
Y después de casi ocho años de gobierno autodenominado «progresista», nos enteramos de que de progreso, na de na. El lenguaje político es verdaderamente maquiavélico: ni casa en propiedad, ni posibilidad de alquiler. El problema es hoy aún mayor, y miren que la cosa ya era gorda y cara cuando explotó la burbuja inmobiliaria. En vez de avanzar, vamos como los cangrejos. Y claro, para tenernos entretenidos y no hablar del agujero en el que estamos, nos colocan en prime time el caso de una pobre ancianita que se queda sin casa. Toma distracción barata para que tengamos de qué quejarnos en la barra del bar.
Las «soluciones» que proponen desde sus cómodos despachos para arreglar todo lo anterior dan unas ganas terribles de llorar, hacer las maletas y salir del país para no volver jamás. Estrictamente en ese orden.
Menos mal que el español, celtíbero de origen, romano apostólico, cristiano (al menos en educación) y maltratado históricamente por casi todos, es un hueso duro de roer. Y a esta trinchera deben sumarse todos esos nuevos españoles que ya tienen el carnet en el bolsillo, que vinieron de otras tierras a arrimar el hombro y a colaborar en la causa común de este gran país. Porque aquí cabemos todos los que creemos en la justicia, en el orden y en la igualdad de oportunidades. Los corruptos, los salvajes y los delincuentes, que se queden fuera de esta tierra o, mejor aún, entre rejas.
No somos conscientes del lugar en el que vivimos ni de cómo hemos logrado mantenerlo a flote hasta ahora. Y es precisamente esto lo que tenemos que defender a capa y espada. Porque como nos descuidemos, todos estos chorizos van a ir a por la cartera del inocente, y te la van a robar exactamente igual los que van en chanclas de playa o en traje de chaqueta. Estamos «apañaos».
El Eco del Guadaletín. Lectura para gente interesante

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