EL CASTILLO DE TÉBAR: OTERO Y VIGÍAEN LA FRONTERA LORQUINA por Alfonso J. Rodríguez
Siempre que nos adentramos en la geografía e historia de nuestra comarca, encontramos reductos que fueron piezas fundamentales en la defensa y configuración de nuestra tierra.
Enclavado en la Sierra de Almenara, a 491 metros sobre el nivel del mar y a unos 12 kilómetros de Águilas, se alza el Castillo de Tébar, una fortaleza de incuestionable valor histórico y territorial.
Ubicado en un entorno natural estratégico donde convergen ramblas de aguas estacionales como las del Charcón y de Minglano, el castillo se asienta sobre una meseta rocosa que ocupa una superficie aproximada de 3.475 metros cuadrados. De origen árabe, esta estructura estuvo resguardada por dos cinturones de murallas en sus flancos norte y poniente, aprovechando los tajos y cortados rocosos del sur y del este como defensa natural. Aunque las murallas protectoras responden a una antigüedad aún mayor, el conjunto fortificado data del siglo XII.
La función principal de esta fortaleza estuvo vinculada a la protección y la vigilancia del territorio. Durante los siglos XVI y XVII, cuando las incursiones de la piratería morisca y berberisca asolaban la franja litoral lorquino-aguileña, el Castillo de Tébar sirvió como refugio para los pobladores de la zona y como punto de observación.
Su torreón, que en la actualidad conserva unos 7 metros de altura de los 15 que llegó a tener, aún muestra las troneras preparadas para la artillería y el uso de arcabuces. Más allá de su capacidad defensiva directa, su cometido primordial era vigilar el mar y dar aviso inmediato a la guarnición principal asentada en Lorca ante cualquier amenaza.
Asimismo, la fortaleza ejercía un control estratégico sobre el territorio agrícola. Al dominar el acceso a un manantial de agua, regulaba los regadíos, las huertas circundantes y las zonas de pasto, articulando el trasiego cotidiano de los agricultores y ganaderos de la comarca.
Históricamente, el Castillo de Tébar estuvo vinculado de manera casi ininterrumpida al dominio lorquino, apareciendo citado en documentos y disposiciones reales de Fernando III, Alfonso X el Sabio y Fernando IV. Su función como segunda línea de defensa costera se mantuvo plenamente vigente hasta la época de los Reyes Católicos.
Hoy en día, sus restos permanecen en la Sierra de Almenara como un testimonio silencioso de la historia defensiva y del pasado de nuestra comarca.






