ESPAÑA:La Cenicienta que no sabe que es Reina

27 de julio de 2026 - redaccion Eco

Escribo estas líneas con un nudo en la garganta, ese que se me pone cuando veo a mis compatriotas abrazados a extraños en un estadio de fútbol, llorando de emoción por un gol, unidos bajo una bandera que, por noventa minutos, vuelve a significar algo. Qué curioso, ¿verdad? Que tengamos que esperar a que un balón ruede por el césped para recordar que somos una nación. Yo, que no soy más futbolero que lo justo para no perderme el desenlace de una final, envidio esa chispa. Esa capacidad de pertenencia. Pero, ¡ay, amigo!, me entra una melancolía que ralla el cabreo cuando me doy cuenta de que, en cuanto el árbitro pita el final, volvemos a enterrar la bandera en el cajón y a ponernos el disfraz de masoquistas.
Porque sí, nos encanta la Leyenda Negra. Somos ese pueblo que disfruta presumiendo de ser los peores, que prefiere el latigazo en la espalda a reconocer que, maldita sea, somos una superpotencia en la mitad de las cosas que hacen que el mundo gire.
Mírennos: somos una mina de oro en turismo y, en lugar de poner alfombra roja a la inversión y crear riqueza, nos dedicamos a pintar «tourist go home» y a acribillar a impuestos al que intenta levantar la persiana cada mañana. ¿Somos tontos o es que nos han lavado el cerebro? Lo mismo ocurre con nuestra agricultura y nuestra gestión del agua, que es una lección magistral que el mundo nos envidia mientras nosotros, desde el púlpito de la desidia, nos ponemos piedras en el propio tejado.
¿Quieren más? España es el faro del mundo en trasplantes de órganos. Catorce vidas devueltas cada día gracias a una coordinación que ya quisieran otros tener en sus ministerios. Vivimos como reyes, con una esperanza de vida que es un récord planetario, y ahí seguimos, metidos en nuestra cueva, creyéndonos los últimos de la fila cuando, en realidad, nuestra potencia militar y nuestra influencia en la OTAN nos colocan, les guste o no, entre los grandes.
Pero no nos falta ambición. Nos falta creérnoslo. Somos líderes en energías renovables y parece que nos da vergüenza reconocerlo, no sea que nos llamen algo que no nos gusta. Pues yo les digo: ¡ya está bien! España no es un lugar de paso, ni un cortijo para que los políticos de turno se repartan las migajas. Es una nación con historia, con músculo y con gente que, a diferencia de esos señoritos de Madrid que hablan mucho y hacen poco, sabe lo que es trabajar hasta la extenuación.
En definitiva, o nos quitamos de una vez esa venda de pesimismo existencial o seguiremos viendo pasar las oportunidades como quien ve pasar un tren que no piensa coger. Seamos otra vez España, la de verdad, la que no pide perdón por existir.
Posdata: No esperen a que el Estado, ese monstruo elefantiásico, les resuelva la vida. Solo el pueblo salva al pueblo. ¡Vamos!
El Eco del Guadaletín. Lectura para gente interesante