Mié. Sep 30th, 2026

La Batalla deLos Alporchones:El día que la frontera lorquina frenó al Reino Nazarí por Alfonso J. Rodríguez

A mediados del siglo XV, el Reino de Murcia era un territorio inestable, marcado por la tensión constante de ser la frontera natural con el Reino Nazarí de Granada. En este contexto de incursiones y escaramuzas, el 17 de marzo de 1452 tuvo lugar uno de los episodios militares más decisivos para la historia de Lorca y de toda la región: la Batalla de Los Alporchones. Un enfrentamiento que no solo frenó en seco las aspiraciones de saqueo granadinas, sino que redefinió el equilibrio de poder en el sureste peninsular.
A finales del año 1451, aprovechando las divisiones políticas y las tensiones internas en el reino castellano bajo el reinado de Juan II, el rey moro de Granada, Muhammad X, ordenó una gran expedición de castigo y saqueo. Un ejército compuesto por miles de hombres irrumpió en el Reino de Murcia, sembrando la destrucción a su paso durante los meses de invierno.
Las tropas nazaríes evitaron inicialmente el imponente castillo de Lorca, prefiriendo adentrarse hacia territorios más vulnerables. Arrasaron las poblaciones de Pulpí, Corvera, El Escobar, Campo Nubla, Rincón de San Ginés, Pinatar, Cartagena y Orihuela. A principios de marzo de 1452, satisfechos con su exitosa campaña, los granadinos emprendieron el camino de regreso hacia su territorio. Consigo llevaban un enorme botín que incluía alrededor de 40.000 cabezas de ganado y un centenar de cautivos cristianos destinados a ser vendidos como esclavos.
El mando de la defensa fronteriza recaía en una de las figuras más formidables de la época: Alonso Fajardo «El Bravo», alcaide de Lorca y señor de Caravaca. Curtido en la toma de plazas como Mojácar y Cartagena, Fajardo desplegó una eficaz red de informadores (escuchas y atalayas) que le advirtieron de que el ejército sarraceno planeaba regresar a Granada pasando muy cerca de Lorca, en un acto que rozaba el desafío abierto.
Fajardo comprendió que el enemigo, aunque numeroso (unos 1.270 jinetes y 1.000 peones), era un ejército diseñado para la algarada rápida y no para resistir un combate táctico en campo abierto mientras acarreaban un pesado botín. Ante la magnitud de la amenaza y la falta de ayuda directa del rey castellano, a su llamada vinieron caballeros y logró reunir fuerzas de Murcia, Caravaca, Aledo y Lorca para esperar al enemigo en el campo de Los Alporchones. En total, concentró a unos 300 hombres a caballo y cerca de 2.000 infantes junto a la rambla de Viznaga, un terreno con una ligera inclinación que favorecía su posición.
El choque en Los Alporchones
El jueves 17 de marzo, el contingente musulmán llegó a las inmediaciones de Lorca esperando un paso sin oposición. Sin embargo, se toparon con las tropas de Fajardo listas para el combate.
El ataque sorpresa de los cristianos otorgó una ventaja inicial crucial. A pesar de ello, el ejército nazarí contaba con capitanes de gran valía y una caballería superior en número. El caudillo granadino, Malik ibn al-Abbas (conocido en las crónicas cristianas como Alabez), demostró ser un líder formidable, logrando rehacer las líneas musulmanas hasta en dos ocasiones tras ser rotas por la caballería cristiana.
La batalla alcanzó su punto crítico cuando Fajardo «El Bravo» interpretó que la única forma de quebrar la resistencia enemiga era descabezar su mando. Abriéndose paso a través de la refriega junto a sus hombres de confianza, Fajardo buscó el duelo singular contra Malik-Alabez. Tras un violento intercambio de golpes en el que la lanza de Fajardo llegó a quebrarse contra la armadura del moro, el alcaide lorquino consiguió esquivar un tajo de alfanje, asir a su rival, sacarlo de la silla y derribarlo junto a su caballo. Inmediatamente, la infantería lorquina maniató al capitán sarraceno y lo extrajo del campo de batalla.
La captura de Alabez fue el golpe de gracia. Privados de su líder, el ejército musulmán entró en pánico y huyó en desbandada hacia Vera. La persecución cristiana fue implacable. Las bajas nazaríes fueron altísimas: murieron cerca de 800 caballeros, se capturaron 400 prisioneros y apenas 300 hombres lograron regresar a Granada. En el bando de Fajardo, el coste fue de 40 muertos y más de 200 heridos. Malik ibn al-Abbas fue posteriormente ejecutado por sus captores.
Las consecuencias históricas para la comarca del Guadalentín fueron inmediatas y profundas. La victoria puso fin a las peligrosas incursiones, forzando a los musulmanes a solicitar una tregua de cinco años. Además, consolidó el prestigio militar de la ciudad de Lorca y sentó las bases del poder de la Casa de Fajardo.
Como tributo a esta victoria vital, que tuvo lugar el 17 de marzo, festividad de San Patricio, la ciudad de Murcia lo declaró su santo patrón. En Lorca, el agradecimiento se materializó en la promesa de erigir un gran templo, un compromiso histórico que culminaría décadas más tarde con la construcción de la majestuosa Colegiata de San Patricio, un símbolo de piedra que aún hoy domina la Plaza de España y recuerda a los lorquinos el día en que su frontera fue un muro inquebrantable.

Related Post