Mié. Sep 30th, 2026

LORCA,A LOMOS DE SU HISTORIA por Rosario Segura

Estamos en otoño y cuando oía las campanas de la iglesia de San Mateo, me vino a la cabeza los sonidos que forman parte de un lugar y que uno reconoce aunque tenga los ojos cerrados. En Lorca, uno de ellos es el de los cascos de un caballo. Ese sonido nos lleva a la Semana Santa, pero también a las pedanías, a los caminos entre cortijos y a aquellas ferias en las que el ganado y los caballos formaban parte de la vida cotidiana.
La relación de Lorca con el caballo viene desde antiguo, con un recorrido grande en las decenas de diputaciones, que durante generaciones el caballo, la mula y el burro fueron indispensables. Servían para labrar la tierra, transportar las cosechas, conducir el ganado o desplazarse desde un cortijo hasta el pueblo más cercano.
En pedanías como La Hoya, Tercia, Purias Almendricos, La Paca, Zarcilla de Ramos, Coy, Avilés o Doña Inés, y en tantas otras, era habitual que las caballerías formasen parte de la casa y del trabajo. El animal fue un compañero de faena y, en muchas ocasiones, el principal medio de transporte de una familia.
También estaban las ferias y los mercados, que durante años fueron lugares de encuentro para agricultores, ganaderos, tratantes y vecinos de todo el término municipal. Allí se compraban y vendían animales, se cerraban tratos y se compartían noticias; recordemos la Corredera. Para muchos lorquinos de cierta edad, recordar aquellas ferias es recordar caballos, mulas, carros, voces de tratantes y jornadas en las que el campo entraba de lleno en la ciudad.
Pero con el paso del tiempo el caballo no ha desaparecido, sino que encontró uno de sus grandes escenarios en la Semana Santa. Quien haya visto bajar una caballería por la avenida Juan Carlos I sabe que allí el caballo adquiere otra dimensión. La historia se transforma en pasado emocionante donde los Jinetes, bordados, música, colores y público se unen en una escena que difícilmente puede entenderse fuera de Lorca. Las capetas convierten a las caballerías en parte de un patrimonio que esta muy vivo, aunque en ocasiones se luzca en una vitrina, existe un stand-by donde el tiempo retrocede, y es cuando desfila ante miles de personas.
A ello se suma una afición ecuestre que continúa durante el resto del año y que todos conocemos como FERICAB. Es casi lógico que sea así, pues el caballo en esta tierra es casi una devoción y para que no se nos olvide nos servimos de los concursos de Pura Raza Española, la doma, la alta escuela y la tradición de los enganches etc, que mantienen viva una cultura que todavía cuenta con ganaderos, criadores, jinetes, amazonas y aficionados.
Hoy apenas vemos caballos trabajando la tierra como lo hicieron nuestros ancestros. Tampoco aquellas antiguas ferias son las mismas. Pero basta recorrer nuestras pedanías, asistir a una competición ecuestre o escuchar los cascos de una caballería en Semana Santa para comprobar que aquella historia continua.

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