Mié. Nov 4th, 2026

SAN CLEMENTE, PATRÓN DE LORCA:ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA por MariaM.

Las cabras con antorchas, el infante Alfonso y una fortaleza que cambió el destino de nuestra ciudad.

Cada 23 de noviembre, Lorca vuelve la mirada hacia su pasado medieval. Las calles recuerdan tiempos de frontera, el castillo recupera por unas horas el ambiente de las antiguas batallas y los lorquinos celebramos la festividad de San Clemente, nuestro patrón. Pero detrás de esta celebración hay una historia que merece la pena conocer y una leyenda que, generación tras generación, ha alimentado la imaginación de nuestra ciudad.
Porque, como tantas veces ocurre en la historia, una cosa son los documentos que han llegado hasta nosotros y otra los relatos que el pueblo ha conservado para explicar sus orígenes. En Lorca, ambos caminos se cruzan en un mismo lugar: la fortaleza que domina la ciudad.
¿Quién fue San Clemente?
San Clemente, conocido por la tradición cristiana como Clemente I, fue obispo de Roma a finales del siglo I y es venerado como uno de los primeros papas de la Iglesia. Su festividad se celebra el 23 de noviembre en el calendario litúrgico católico.
La tradición cristiana lo recuerda como un hombre de fe que sufrió el martirio durante las persecuciones contra los cristianos en el Imperio romano. Los relatos hagiográficos posteriores adornaron su vida con episodios extraordinarios, como el de su supuesto destierro y muerte en el mar, aunque no todos esos detalles pueden verificarse históricamente.
¿Qué relación tiene este antiguo papa con Lorca, una ciudad situada a cientos de kilómetros de Roma y en el sureste de la península ibérica?
La respuesta nos lleva al siglo XIII, cuando los ejércitos castellanos avanzaban por el territorio musulmán del sureste peninsular y Lorca se preparaba para entrar en una nueva etapa de su historia.
El infante Alfonso ante
las murallas de Lorca
En 1244, el infante don Alfonso, hijo del rey Fernando III de Castilla y futuro Alfonso X el Sabio, dirigió la campaña que permitió incorporar Lorca a la Corona castellana.
La ciudad andalusí ocupaba una posición estratégica extraordinaria. Desde su castillo se dominaba el valle del Guadalentín y se controlaban las comunicaciones entre el interior murciano y las tierras próximas al reino nazarí de Granada. Quien dominara aquella fortaleza dispondría de una pieza fundamental para la defensa y el control de la frontera.
No era, por tanto, una conquista menor. Lorca constituía un enclave de gran importancia militar y política.
Sin embargo, los documentos históricos nos ofrecen una imagen distinta de la que muchas veces imaginamos al pensar en una conquista medieval. La incorporación de Lorca a Castilla se produjo mediante una capitulación pactada. Los estudios históricos sitúan este acontecimiento a finales de junio de 1244, aunque la tradición local ha mantenido el 23 de noviembre como fecha conmemorativa.
Y aquí comienza el misterio: si la capitulación se produjo en verano, ¿por qué celebramos la conquista en noviembre, precisamente el día de San Clemente?
La leyenda de las cabras con antorchas
La tradición lorquina ha transmitido una explicación tan ingeniosa como espectacular.
Cuenta la leyenda que el infante Alfonso llegó ante Lorca dispuesto a conquistar su fortaleza, pero se encontró con una plaza difícil de tomar. Sus murallas y su posición elevada convertían el castillo en una defensa formidable. Un asalto directo podía costar muchas vidas y no garantizaba el éxito.

Ante aquella dificultad, el infante habría recurrido a la astucia.
Según el relato popular, ordenó colocar antorchas encendidas en los cuernos de un gran número de carneros y cabras. Cuando cayó la noche, los animales fueron conducidos por las laderas y los caminos próximos a la fortaleza. Las luces se movían en la oscuridad, apareciendo y desapareciendo entre las sombras de la montaña.
Desde las murallas, los defensores musulmanes contemplaron una escena desconcertante. Allí donde antes reinaba la oscuridad, parecía avanzar una multitud de luces. El movimiento de los animales, acompañado por el ruido y la confusión de la noche, habría dado la impresión de que un ejército numeroso se disponía a atacar el castillo desde distintos puntos.
La estratagema habría sembrado el desconcierto entre los defensores, que, según la leyenda, terminaron aceptando la rendición para evitar una batalla de consecuencias imprevisibles.
De esta manera, el ingenio habría vencido a la fuerza y Lorca habría pasado a manos castellanas sin necesidad de conquistar la fortaleza mediante un asalto sangriento.
Es una historia atractiva, de esas que parecen hechas para ser contadas al calor de una lumbre. Y sigue viva en nuestras fiestas, en las representaciones de la conquista y en la tradicional subida de las antorchas al castillo.
Pero debemos recordar algo importante: no existe documentación histórica suficiente para afirmar que la conquista de Lorca se produjera exactamente de esta manera. La estratagema de los animales con luces pertenece a la tradición legendaria, no a un episodio militar demostrado por los documentos conservados.
Eso no le resta interés. Las leyendas también forman parte de la historia cultural de los pueblos, porque muestran cómo una comunidad ha querido explicar y recordar su pasado.
¿Por qué el 23 de noviembre?
La fecha tiene una coincidencia que difícilmente pasa inadvertida. El infante Alfonso nació en Toledo el 23 de noviembre de 1221. Es decir, el día que hoy celebramos a San Clemente era también su cumpleaños.
La tradición lorquina terminó vinculando la conquista de la ciudad con esa fecha y con el santo que la Iglesia celebra ese día. De ahí procede la asociación entre San Clemente, la capitulación de Lorca y la figura del futuro Alfonso X.
¿Significa eso que el castillo fue conquistado necesariamente un 23 de noviembre de 1244? No podemos afirmarlo. La documentación histórica sitúa la capitulación a finales de junio, y los investigadores no han resuelto por completo cómo se estableció la fecha tradicional.
Lo que sí sabemos es que el culto a San Clemente cuenta con una larga trayectoria en Lorca. Existen noticias documentadas de celebraciones en su honor desde el siglo XV, y los acuerdos municipales de siglos posteriores muestran hasta qué punto la festividad llegó a formar parte de la identidad de la ciudad.
Así, una fecha religiosa acabó convirtiéndose también en una jornada de memoria histórica, en la que Lorca recuerda su pasado medieval y la incorporación a Castilla.
El castillo, testigo de una historia mucho más larga
La fortaleza de Lorca no nació con la llegada de los castellanos. Sus orígenes se encuentran en la etapa andalusí, cuando la ciudad desempeñaba un papel destacado en la organización política y defensiva del territorio.
Tras la capitulación de 1244, el castillo adquirió una importancia todavía mayor como bastión de la frontera castellana frente al reino nazarí de Granada. Durante siglos, sus murallas, torres y puertas fueron testigos de conflictos, negociaciones, cambios políticos y de la vida cotidiana de quienes habitaban una ciudad situada entre dos mundos.
Con el tiempo, la frontera se desplazó hacia el sur y la fortaleza perdió buena parte de su función militar. Sin embargo, sus piedras permanecieron allí, dominando el valle y recordándonos la importancia que Lorca tuvo durante la Edad Media.
Hoy, cuando subimos al castillo, podemos contemplar mucho más que una construcción defensiva. Estamos ante un lugar donde se superponen distintas épocas y culturas, donde la historia documentada convive con la memoria popular y donde cada generación encuentra nuevas razones para interesarse por sus raíces.
Una tradición que sigue viva
Las fiestas de San Clemente mantienen esa conexión entre pasado y presente. Las representaciones de moros y cristianos, los actos de capitulación, la recreación de la conquista y la subida de las antorchas permiten acercar la historia medieval a quienes quizá nunca abrirían un libro de historia.
Son celebraciones que evocan un tiempo complejo, marcado por enfrentamientos, pactos, convivencia y transformaciones profundas. Conviene contemplarlo con la perspectiva que nos ofrece el conocimiento histórico, sin olvidar que detrás de los grandes acontecimientos hubo personas, familias y comunidades que vivieron sus consecuencias.
La leyenda de las cabras con antorchas nos habla del ingenio; la capitulación documentada nos recuerda la importancia de los acuerdos políticos y militares; y la festividad de San Clemente nos muestra cómo una ciudad conserva y transmite su memoria.
Quizá nunca lleguemos a conocer todos los detalles sobre el origen de esta tradición. Pero tampoco necesitamos convertir cada leyenda en un hecho probado para apreciar su valor.

El próximo 23 de noviembre, cuando Lorca vuelva a mirar hacia su castillo y las antorchas iluminen el camino, recordemos al infante Alfonso, la fortaleza andalusí y el relato de aquellos animales que, según la tradición, ayudaron a cambiar el destino de la ciudad.
Porque la historia se escribe con documentos, pero también se transmite con relatos. Y pocas cosas explican mejor el carácter de una ciudad que las historias que sus habitantes han decidido conservar.
Ahí lo dejo. Conocer nuestro pasado, distinguir los hechos de las leyendas y mantener viva la curiosidad es una forma de honrar a Lorca y a quienes, a lo largo de los siglos, han construido su identidad.

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