Robert McKee, uno de los maestros del guion, solía decir que el carácter fragmentario y elíptico del lenguaje cinematográfico se asemeja bastante a una cosa que pertenece naturalmente al ser humano: los sueños. Hoy, me atrevería a decir que hay una más: los recuerdos; y esto no puede ser más evidente en la película debut como directora de la reconocida actriz Kristen Stewart, La cronología del agua, un desgarrador drama que cuenta la historia de Lidia, una nadadora que tiende a escapar de todo debido a un abrupto pasado de abuso y dolor.
.Originalmente, esta historia nace de una novela homónima que relata las memorias de Lidia Yuknavitch, que reconoce la corrupción de los recuerdos, el peso del trauma y profundiza en cómo de profundo ha de ser un vínculo tóxico como para condicionar una vida entera. Desde una temprana edad, la autora narra cómo su padre abusaba de ella, de su madre y de su hermana, la cual acabó abandonando a su familia para escapar del enfermo abusador. No solo la materia prima es inspiración para la película, sino el estilo narrativo. Yuknavitch cuenta en trozos, en pinceladas, en dolorosos fragmentos que son rematados en recuerdos autoreconocidos como vagos e inconclusos, y esto es lo mismo que hace Kristen Stewart, a través de planos muy cerrados, falta de contexto, y un estilo por momentos pseudo onírico que nos lleva a introducirnos en la cabeza de la protagonista.
Imogen Poots está impecable, lo cual es agravado con esa expresividad facial por la que tanto destaca y el protagonismo que la cercanía de la cámara brinda a sus facciones. Ría, llore, grite, susurre, abrace o corra, es acompañada por esas espinas que tanto le condicionan y martirizan, junto a esa necesidad de huir, tan satisfecha por el agua y su tan recurrente inmersión en ella. Hacia la segunda mitad de la película, observamos cómo va materializando su dolor con la expresión artística, reconduciendo lo oscuro con tal de concederle algo de luz a su legado.
La premisa que titula esta historia, La cronología del agua, crea un íntimo vínculo entre el tiempo y el agua, lo cual está relacionado con esa fragmentación, cómo el agua interrumpe nuestra visión y nuestra conexión con el mundo terrestre, y cómo todo está continuamente en movimiento, desde nuestros recuerdos, desvirtuados, hasta las decisiones que van afectando a cada uno de nosotros en materia de amor, trabajo, aficiones, estudios, ambiciones, deseos y miedos.
Debido a lo genuino y honesto del relato, se da un abundante uso de la violencia visual y sonora (esta última con un papel fundamental), procedente de los trágicos acontecimientos que Lidia tuvo que sufrir a lo largo de su vida. En la sala en la que yo me encontraba, ciertas personas desistieron, abandonando el cine entre resoplidos e inconformismo, cuando se acentuaban los momentos más morbosos y desagradables. Este uso de la violencia explícita, tremendamente polémico, ha sido eternamente debatido a lo largo de la historia del cine, y su abordaje se reduce a la más pura subjetividad, pero, en este caso, parece necesaria y no impostada ya que se busca narrar desde el punto de vista de la protagonista, y se trata de una mirada propia, inconscientemente sesgada y bastante pesimista en muchas ocasiones.
Cuando Lidia asiste a unos cursos de escritura, en un momento de empatía y vulnerabilidad, el profesor le expresa lo siguiente: “Nadie es tan grande como para soportar el peso de lo que nos pasa”. Eso es, en parte, de lo que va la película: de entendernos, superar, y perdonarnos por las cosas de las que somos culpables y de las que no, apoyándonos en herramientas creativas o de evasión que fortalezcan nuestro corazón y nuestra capacidad de amar y mejorar.
Puede ser que seas de esas personas que abandonan la sala, o de esas que se quedan cautivadas como yo quedé, pero La cronología del agua es un interesante ejercicio de experimentación, introspección y búsqueda de ponerle palabras a ese peso que solo nosotros somos capaces de entender, el peso de lo que nos pasa.
LA CRONOLOGÍA DEL AGUAEl dolor,el traumay el desorden de la memoriapor Joaquín Pérez García






