XIQUENA: EL BALUARTE DE FRONTERA Y SU TRISTE OCASO POR LA CIZAÑA NOBILIARIA

4 de noviembre de 2025 - redaccion Eco

Castillo de Xiquena, erguido en la pedanía de Fontanares en el vasto término municipal de Lorca, representa uno de los testimonios más elocuentes y, a la vez, más dolorosos de la historia fronteriza del Reino de Murcia. Situado estratégicamente en una elevación cercana al cauce del Río Corneros, esta fortaleza no solo vigilaba una vía natural de penetración hacia la ciudad de Lorca, sino que marcaba el límite geográfico e ideológico entre el pujante Reino de Castilla y el último reducto islámico de la península, el Reino Nazarí de Granada.
Desde su probable origen islámico y su posterior consolidación cristiana en el siglo XIII, Xiquena se convirtió en la vanguardia, el hueso duro de roer que garantizaba la supervivencia en la línea de fuego. Su toma en 1433 por Alonso Yáñez Fajardo y el control posterior por el poderoso Marqués de Villena subrayan su ineludible valor estratégico. No era una simple atalaya, sino una compleja estructura militar con una robusta Torre del Homenaje que reflejaba la voluntad castellana de asentar y defender su territorio. Xiquena encarnaba la voluntad de ser y permanecer de una tierra forjada en la confrontación.
1520: El Fratricidio
que Asesinó al Castillo
Paradójicamente, la ruina de esta formidable fortaleza no provino de la acometida del secular enemigo fronterizo, sino de la discordia intestina y la ambición feudal de las élites locales.
El año 1520 es una fecha que sella la desgracia de Xiquena. Mientras la Península se convulsionaba con la Guerra de las Comunidades, la Región de Murcia fue escenario de una violenta confrontación entre los linajes más influyentes: los Fajardo (Marqueses de Los Vélez) y los Pacheco (Marqueses de Villena).

Xiquena, en manos de los Pacheco, se erigió como objetivo principal de la ofensiva del Marqués de Los Vélez, Pedro Fajardo Chacón, Adelantado Mayor de Murcia. En un acto que trascendió la mera estrategia militar, el Marqués movilizó a sus huestes y asaltó la fortaleza, no con la intención de tomarla y usarla, sino de destruirla deliberadamente. La demolición sistemática que siguió a la toma buscaba un doble objetivo: eliminar el control de sus rivales y dejar una cicatriz visible de su supremacía. Lo que el enemigo musulmán no pudo lograr durante siglos, lo consumó la cizaña nobiliaria en un solo año. La fortaleza fue desmantelada, quedando herida de muerte e iniciando un irreversible proceso de ruina que puso fin a su papel militar.
La Lista Roja
Cinco siglos después de aquel trágico evento, el Castillo de Xiquena subsiste en un estado de abandono y colapso progresivo. Pese a su indiscutible valor y su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC), su realidad es la de una ruina que se desmorona ante la inacción. Las grietas y los desprendimientos son la constante, un testimonio mudo de que el tiempo y el olvido son el peor de los asedios.
Desde el año 2007, Xiquena forma parte de la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra, un catálogo que incluye aquellos bienes culturales españoles que corren un riesgo inminente de desaparecer.
A.J. Rodri