UN VASO CON CLAVELES por Rosarios Segura
UN VASO CON CLAVELES
La Semana Santa lorquina no tiene parangón. No solo por su Interés Turístico Internacional, ni si quiera por la belleza de los bordados, ni tampoco solo por la singularidad de sus desfiles con caballos, carros, grupos bíblicos y una puesta en escena que transforma la avenida Juan Carlos I en el mejor escenario, sino porque la tradición la vivimos con identidad. Por eso, su cartel anunciador no es un simple adorno, se trata de una declaración pública de su celebración. Y lo que se celebra, por encima de cualquier devoción particular, es la Pasión de Cristo y la de su Madre.
El cartel de 2026, de Nono García, tiene arte, oficio e intención, parece que ha buscado “el sentir más íntimo” de los lorquinos tras el paso de las vírgenes. Habla de unas advocaciones a la Amargura y Dolorosa. Y representando a las cofradías, reinan los claveles blancos y azules como ofrenda poética a sus titulares, que son los pasos Blanco y Azul. Sin embargo, la sensibilidad no siempre equivale a acierto cuando hablamos del símbolo oficial que debe representar a toda una Semana Santa como la de Lorca.
Porque una cosa es una obra evocadora, íntima y casi costumbrista, y otra muy distinta un cartel que anuncia los Desfiles Bíblico-Pasionales. La Semana Santa lorquina no es únicamente recogimiento interior, hablamos de hacer público un drama. Es una catequesis visual, rivalidad histórica y patrimonio vivo. Es el Antiguo y el Nuevo Testamento narrados en un movimiento fiel a la historia sagrada. Es el estruendo de los caballos, la potencia de las carrozas, el brillo del bordado y el pulso de los Pasos…de todos los Pasos. Por lo que un cartel que centra su mensaje casi exclusivamente en la ofrenda posterior a la Virgen (por mucha devoción que le tengamos) corre el riesgo de reducir la Semana Santa a una emoción privada, doméstica, de salón y que no satisface el mensaje total.
Además, en Lorca no hay solo dos miradas ni hermandades. Hay más cofradías y más sensibilidades que compiten (con lealtad, esfuerzo y pasión), por conservar la esencia de esos días de orgullo lorquino. No solo están los Blancos y los Azules como grandes protagonistas, también se luce el Paso Encarnado, el Morado, y el Negro…, y al terminar todo se cierne en el horizonte la presencia del Resucitado como exponente de Gloria. Cada uno sostiene una parte imprescindible del relato completo. El cartel municipal, por tanto, debería abrazar ese conjunto con equilibrio, sin inclinar la balanza hacia una única visión, por noble que sea.
El Sr. García quiso reflejar “ese amor que se mantiene tras la procesión”. No cabe duda de su intención, pero cabe preguntarse si el cartel ha de hablar de lo que sucede después de la procesión. Lo que se anuncia no es solo el recuerdo íntimo, sino la Pasión misma. Su función no es solo emocionar, sino explicar de un golpe de vista por qué Lorca es única en España. Un vaso con claveles puede conmover…. pero no resume el núcleo del mensaje cristiano que las procesiones transmiten más allá de las iglesias, se trata de plasmar a Cristo en su entrega, en una maravillosa puesta en escena que nos cuenta la historia de salvación en una carrera y que nadie lo ha hecho como en Lorca.
No obstante, más desafortunado es la propuesta de Semana Santa de Cartagena con eso del “huevo frito” que parece más que un sentimiento popular un anuncio de degustación para el turismo Guiri. Es como si para anunciar la Pascua de Resurrección alguien plasmara en un cartel la cara de una mona sonriendo…para gustos los colores.
Rosario Segura



