REVIVIR EL CENTRO DE LORCA por Rosario Segura
En Lorca llevamos años hablando de la repoblación del casco histórico. Y en ese contexto, la vivienda pública para jóvenes es fundamental, pues si el centro vuelve a tener gente joven viviendo, estudiando y trabajando, la ciudad cambia. Pero me pregunto; ¿estamos usando esa palanca para transformar de verdad el centro o para montar un “proyecto piloto” vistoso que no se mueve?
Repoblar no es rellenar pisos, se trata de reconstruir el paisaje urbano. Y el centro de Lorca no solo compite con el paso del tiempo, sino con un modelo de ciudad que, durante años, ha empujado el comercio hacia las afueras.
Allí en las grandes superficies hay acceso cómodo en coche, aparcamientos abundantes. Mientras tanto, el comercio tradicional del centro se ha ido quedando atrapado en la tormenta perfecta.
No es raro ver alquileres que no responden a la realidad, locales vacíos que se eternizan, menos tránsito peatonal en días normales y la sensación de que el centro se reserva para acontecimientos puntuales, no para la vida cotidiana.
¿Que se ha hecho para evitar el éxodo del comercio lorquino?
Lo que sí parece evidente es que hemos asumido como inevitable que el área comercial se descentralice hacia la periferia mientras el casco histórico se convierte en una postal antigua, en lugar de barrio taciturno.
La vivienda pública para jóvenes puede ser una gran medida, pero solo funciona si se acompaña de una idea completa de ciudad. La vida en el centro no aparece por decreto ley, más bien se fabrica con continuidad. Si el centro vuelve a tener vecinos, debe volver a tener también motivos diarios para quedarse allí, hablo de servicios, actividad, horarios, calles cuidadas, espacios confortables, un tejido comercial que no sea una excepción heroica sino una normalidad.
En ese mismo plan entra la rehabilitación energética entendida como política social. No se trata solo de eficiencia o de propaganda sino de facturas asequibles, de salud y de dignidad. Una vivienda bien aislada y ventilada reduce el gasto, evita humedades, mejora el confort térmico y sostiene a quienes viven con menos recursos. Si se quiere atraer población joven y, al mismo tiempo, proteger a la residente, hay que rehabilitar de verdad y hacerlo con ayudas que lleguen, trámites que no desesperen y criterios sociales claros.
Ahora se habla y con razón de la gentrificación “a la murciana”. Puede que no tenga el guión de las grandes capitales, pero el riesgo existe. Cuando rehabilitar eleva valores, puede expulsar silenciosamente a la gente. Por eso se hace necesario un alquiler asequible sostenido en el tiempo, unas normas urbanísticas que protejan la vivienda habitual frente a usos especulativos y la movilización de vivienda vacía que son detalles técnicos con justicia.
Si además se pretende recuperar la actividad comercial, habrá que pasar del discurso a los hechos. Es decir, de dar facilidades reales para abrir y probar negocios, locales para emprendedores, incentivos temporales en calles clave, una política de limpieza e iluminación que mejore la seguridad percibida, una logística urbana que no convierta el reparto en un suplicio y una movilidad que no castigue al centro.
Hacer el centro “bonito” creo que no es suficiente si no es habitable y comprable.
En Carnaval, quizá sea un buen momento para mirarnos de manera menos frívola. Porque no todos los disfraces se quedan en febrero. En política también hay quien se viste de defensor del comercio local mientras firma decisiones que lo debilitan.
El centro de Lorca necesita más continuidad, ejecución y resultados medibles. Porque cuando el comercio se va, cuando el vecino se cansa y cuando el local suma años cerrado, ya no valen titulares con maquillaje.
Ojalá el Carnaval de este año se quede solo en la calle, el humor y la convivencia. Que el único disfraz sea el de la diversión honesta y legítima, y que quienes estamos sufriendo algunos engaños (promesas repetidas y soluciones a medias) podamos celebrar días en los que el disfraz no pretenda convencer a nadie, sino alegrarnos.


