Viajes en el tiempo y vías que se olvidan:De la gloria de Augustoal atasco en la autov

10 de abril de 2026 - redaccion Eco

A menudo me gusta perderme en las películas de viajes en el tiempo. Considero que con ellas la imaginación y el razonamiento pueden volar libremente, permitiéndonos reconsiderar la historia: ¿qué hubiera pasado si, en lugar de los aliados, hubieran ganado las potencias del Eje? Al final, conociendo el pasado, uno siempre encuentra las respuestas de por qué hemos llegado al lugar exacto en el que nos encontramos.
Lorca, a lo largo de los siglos, ha sido una ciudad agrícola y ganadera por pura necesidad. El fértil valle del Guadalentín, ese que sin apenas agua nos regala las más exquisitas frutas y verduras, nos marcó el destino. Pero también hemos sido una ciudad comercial. Sin embargo, si hoy diseñáramos un plan para arruinar Lorca, no nos habría salido tan redondo como a nuestros políticos de uno y otro bando.
Las comunicaciones son la sangre de una comarca. Lorca fue cabecera, comunicada con un excelente tren… ¡ups!, hace ya ni se sabe que no pasa un tren por aquí. Lorca, comunicada por una gran autovía… ¡ups!, colapsada. Sin tren, con autobuses de Renfe y el transporte de mercancías por carretera, todos terminamos en el mismo embudo de una autovía bacheada a la que le harian falta cuatro carriles por sentido.
Ayer, sin ir más lejos, me la encontré totalmente bloqueada yendo hacia Totana a las cuatro de la tarde tanto en la ida como en la vuelta.
Todo son «comodidades» para venir a una ciudad con una estación de autobuses que se cae a pedazos. Una carta de presentación de ciudad en ruinas para unos turistas de primera que claro, para que los queremos en la ciudad, curiosamente, en localidades vecinas ya empiezan a pintar eso de “Tourist go home”.
Es cuestión de tiempo que el sentimiento llegue aquí.Pero esto no siempre fue así.
Hagamos un viaje en el tiempo hasta el año 2 a.C. El emperador Augusto —fundador del Imperio romano que gobernó con mano de hierro y visión de futuro, sobrino nieto de Julio Cesar— se encontró con unas vías de comunicación en declive, echas polvo por las guerras civiles. Sabía que para una paz duradera hacía falta un comercio próspero, y para eso, las buenas comunicaciones eran innegociables. Augusto lo tenía claro: había que arreglar el llamado «camino de Aníbal» y transformarlo en infraestructura de verdad.

Los Miliarios:
El Google Maps
de la Antigüedad en Eliocroca
La Vía Augusta a su paso por la antigua Eliocroca es uno de los tramos más fascinantes de toda la calzada romana. Lorca no era un simple punto de paso; era una de las mansio (paradas oficiales) clave que conectaba Carthago Nova con el valle del Guadalquivir.
Los Miliarios: Testigos de piedra.
Lorca es famosa por conservar un número inusual de estas columnas que marcaban cada milla romana (unos 1.481 metros).
- El más icónico es el de la calle Corredera, en la Plaza de San Vicente. Una columna de la época de Augusto que hoy guardamos como oro en paño en el Museo Arqueológico (la de la calle es una réplica). - En 2012, una riada desenterró en el cauce del Guadalentín un miliario espectacular de casi 3 metros y 800 kg. su inscripción decia El texto del miliario es el siguiente: IMP(erator) CAESAR DIVI F(ilius)/ AVGVSTVS COS(sul) XI/ TRIBVNIC(cia) POTEST(are) XVI/ IMP(imperatori) XIIII PONTVFEX/ MAXVMVS/ XXXXVII (Millia Passuum).
Otros hallazgos: Se han encontrado columnas de las épocas de Diocleciano y Constancio Cloro, lo que demuestra que la vía se mantuvo y reparó durante siglos
“Siendo emperador César Augusto, hijo del divino Julio, Cónsul por undécima vez, revestido de la Potestad Tribunicia por dieciséis veces, aclamado emperador por decimocuarta vez, Pontífice Máximo. Cuarenta y siete millas”.
El trazado por el municipio.
La vía aprovechaba la geografía del valle, discurriendo paralela al cauce del río. No es casualidad que la Villa Romana de La Quintilla esté donde esté; los grandes propietarios agrícolas de entonces ya sabían que había que estar «a pie de autopista» para dar salida a su aceite, cereal y vino.
Un legado que aún se puede caminar.
Hoy, este trazado histórico se puede redescubrir gracias al Itinerario Ecoturístico Vía Augusta. Una ruta señalizada que nos permite caminar por los mismos paisajes que veían los viajeros romanos hace dos milenios.
Es irónico que, dos mil años después, tengamos que mirar al siglo I para recordar qué significaba tener una ciudad bien comunicada. Augusto arregló los caminos para traer prosperidad; nosotros, parece que estamos esperando a que el tiempo se detenga del todo.
Sigan pensando y entrenando la mente, porque solo conociendo de dónde venimos podremos exigir hacia dónde queremos ir.
Alfonso José Rodríguez Martínez
El Eco del Guadalentín