El anuncio del inicio del rodaje de la cuarta entrega de La Momia, en la que repiten los (acartonados) intérpretes originales, me hace revivir con nostalgia la película fundacional, que paso a rememorar para todos vosotros.
La historia de La Momia parte de una tragedia en el antiguo Egipto: Imhotep, sumo sacerdote del faraón Seti I, asesina al monarca movido por su amor prohibido hacia la concubina de éste, Anck-Su-Namun. Por ello es condenado a la Hom Dai, la maldición más terrible, que lo momifica vivo y lo condena a la eternidad. Más de tres mil años después, en 1923, el aventurero Rick O’Connell descubre por azar la mítica Hamunaptra, la Ciudad de los Muertos. La bibliotecaria Evelyn Carnahan y su hermano Jonathan organizan una expedición para desentrañar sus secretos, sin saber que los medjay —guardianes del legado del faraón— intentarán impedirlo, pues liberar a Imhotep significaría desatar una fuerza capaz de traer muerte y destrucción al mundo.
El renacer cinematográfico de los monstruos clásicos de Universal en los años noventa, impulsado por Drácula de Bram Stoker y Frankenstein de Mary Shelley, llevó al estudio a plantearse un nuevo acercamiento al mito de la Momia. Tras varios intentos fallidos con directores como Clive Barker, George A. Romero, Joe Dante, Mick Garris y Wes Craven, la visión que finalmente cuajó fue la de Stephen Sommers. El cineasta propuso transformar la historia en una aventura de gran espectáculo, más cercana al espíritu de Indiana Jones que al terror gótico de la versión de 1932. Universal respaldó este enfoque incrementando el presupuesto hasta los 80 millones y confiando a Sommers el desarrollo del guion junto a Lloyd Fonvielle y Kevin Jarre.
El reparto fue clave para consolidar el tono ligero y heroico de la película. Brendan Fraser encarnó a Rick O’Connell con una mezcla de carisma, humor y arrojo que definió al personaje. Rachel Weisz aportó inteligencia y encanto como Evelyn Carnahan, mientras que John Hannah añadió el contrapunto cómico como Jonathan. Arnold Vosloo dio vida a un Imhotep imponente y trágico, y Patricia Velasquez encarnó a la enigmática Anck-Su-Namun. El elenco se completó con Kevin J. O’Connor como el oportunista Beni y Oded Fehr como Ardeth Bay, líder de los medjay.
El rodaje se llevó a cabo no en el Egipto faraónico sino en el Marruecos de Hassan II, con escenarios naturales localizados en el Sahara y el impresionante enclave de Gara Medouar convirtiéndose en Hamunaptra. El diseño de producción de Allan Cameron y la fotografía de Adrian Biddle otorgaron al film una estética épica y luminosa, mientras que los efectos de Industrial Light & Magic combinaron magia visual con momentos de exceso propios de la época. La banda sonora de Jerry Goldsmith, vibrante y emotiva, reforzó la mezcla de aventura, terror y romanticismo.
Estrenada en julio de 1999, La Momia se convirtió en un fenómeno global, recaudando 416 millones de dólares y consolidándose como uno de los grandes espectáculos de su década. Su combinación de terror, acción, humor y arqueología fantástica la convirtió en una obra destinada a perdurar, un entretenimiento clásico que, como su propio protagonista, parece resistir el paso del tiempo.






