“LA VIDA DE BRIAN” por Luis Campoy
¿Cuáles son los límites del humor? ¿Podemos / debemos reirnos de cualquier cosa?
Contestar a estas preguntas ya es de por sí difícil hoy en día, pero, en 1979, cuando la religión, la moral y las “buenas costumbres” tenían mucho más peso social, se hallaba de total vigencia ese conocido refrán español que reza “Con la Iglesia hemos topado”.
Todo lo dicho viene a cuenta de una película como “La vida de Brian”, que hace 47 años estuvo a punto de no poder siquiera estrenarse, pero que, hoy en día, es prácticamente un clásico en cada Semana Santa.
Los responsables de todo aquel follón fueron el sexteto de humoristas autodenominado Monty Python (formado por cinco británicos: John Cleese, Michael Palin, Terry Jones, Eric Idle y Graham Chapman y un estadounidense, Terry Gilliam) que llevaba desde 1969 triunfando en la BBC con su show “Monty Python’s Flying Circus”, algo así como un precedente inglés del “Saturday Night Live” que se caracterizaba por su humor irreverente que no respetaba a nada ni a nadie y por su costumbre de interpretar, cada uno de sus miembros, a varios personajes en cada programa.
Al cine saltaron en 1971 con “Se armó la gorda” y en 1975 estrenaron “Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores”, durante cuya promoción un periodista preguntó a los Python·cuál iba a ser su próximo proyecto, a lo que Eric Idle, sin pensárselo dos veces, contestó espontáneamente: “Jesus Christ: Lust For Glory” (“Jesucristo: Ansias de Gloria”), y se quedó tan pancho.
Sus compañeros alucinaron ante tal contestación, dado que en realidad no habían pensado en planes de futuro a corto plazo, pero enseguida el tema les pareció un divertido reto y un gran desafío; téngase en cuenta que nos hallamos a mediados de los años setenta y que el cristianismo era mayoritario en Gran Bretaña, habiendo recibido todos nuestros humoristas una sólida (y rígida) formación religiosa.
Sin embargo, estando todos de acuerdo en que ya iba tocando criticar mordazmente a la Iglesia, no coincidieron en la idoneidad de burlarse del propio Jesucristo, cuya personalidad admiraban; de ahí surgió la idea de buscar una cabeza de turco, un pobre infeliz al que todo el mundo confundía con el Mesías, y de este modo nació el desdichado Brian Cohen, que acabaría crucificado pero cantando y silbando “Mira siempre el lado bueno de la vida”.
Durante un viaje a las Islas Barbados, elaboraron la mayor parte de las tramas del film y decidieron los papeles que representaría cada uno, de modo que, al regresar a Inglaterra, fueron directamente a la sede de EMI Films, la productora de “Los caballeros de la mesa cuadrada…”, donde un (inocente) directivo de la compañía les dio carta blanca para irse a rodar “El Evangelio según San Brian” (título provisional) a Túnez, aprovechando los decorados de la reciente “Jesús de Nazaret” de Franco Zefirelli.
Sin embargo, en Febrero de 1978, el auténtico jefazo de EMI, Bernard Delfont, tuvo acceso a una copia del guión de “La vida de Brian” (título definitivo) y bramó que, mientras él fuera presidente, la compañía no produciría “una blasfemia de tal magnitud”, cerrando inmediatamente el grifo productivo.
Desesperados y con el agua al cuello, los Python se hallaron en una auténtica encrucijada: o conseguían de la noche a la mañana un inversor que aportase los cuatro millones de libras que se necesitaban, o se verían obligados a cancelar el proyecto.
Fue entonces cuando Eric Idle recurrió a uno de sus mejores amigos, el ex-Beatle George Harrison, que era un reconocido fan del sexteto. Harrison leyó también el guión y, tanto se rió imaginando la historia proyectada sobre una pantalla, que se comprometió a costearla de su bolsillo; de aquí surge la frase atribuída a Idle “Mi amigo George acaba de comprar la entrada de cine más cara del mundo”.
Todavía tendrían que superar múltiples campañas de boicot tanto en Inglaterra como en Estados Unidos, pero, cuando por fin lograron terminar y estrenar la película, su éxito fue arrollador.
En la actualidad, ya casi olvidada su fama de obra polémica y provocadora, “La vida de Brian” se ha convertido en una de las comedias mejor valoradas de toda la Historia del Séptimo Arte, pues no sólo te hace reir sino que, sobre todo, te hace pensar acerca de cuestiones tan peliagudas como la religiosidad, el fanatismo, la intolerancia, la manipulación o la credulidad (entendida como “necesidad de creer”).
El Frente Popular de Judea es ya un meme recurrente en cualquier convocatoria electoral, ejemplo de la palabrería vacua que no resuelve nada, y las insistentes reivindicaciones de Stan/Loretta constituyen un lúcido precedente de la deriva a la que nos está llevando la actual ola de corrección política y wokismo, que los Monty Python supieron predecir o, mejor dicho, profetizar.



