Vie. Oct 30th, 2026

Leia en una agencia de noticas que más de la mitad de la población de la Región de Murcia indica alguna dificultad para llegar a fin de mes. Y seguía indicando que la renta media por persona es la más baja de España. Y es que parece ser que en esta Región el 32,5 % de la población está en riesgo de pobreza o exclusión social (Encuesta de Condiciones de Vida, 2025). El resultado impresiona, y alguien me planteó la paradoja ¿Cómo es posible este dato si cuando sales a la calle, las terrazas están llenas, restaurantes concurridos y fiestas multitudinarias a reventar?, ¿Dónde está esa pobreza que describen las estadísticas?

La pregunta me dejó al principio en “fuera de juego”. Quien observa ese ambiente puede pensar que las cifras exageran o que la “pobreza” ya no significa lo que entendíamos. Sin embargo, antes de enfrentar la evaluar las estadísticas, conviene preguntarnos qué mide cada una. El indicador AROPE incluye a quienes tienen ingresos bajos respecto al conjunto de España, sufren carencias materiales y sociales severas o viven en hogares con muy poca actividad laboral.  Por tanto, ese 32,5 % no significa que una de cada tres personas pase hambre o viva en la indigencia. Significa que una parte considerable de nuestros vecinos se encuentra en alguna de esas situaciones de vulnerabilidad.

También habría que examinar nuestra mirada; una terraza llena nos muestra a quienes están sentados en ella, pero no a quienes se han quedado en casa porque no pueden pagar una consumición. Tampoco sabemos si esas mesas las ocupan habitualmente las mismas personas ni qué proporción representan sobre toda la población. Los espacios más concurridos ofrecen una imagen visible de la prosperidad; las dificultades domésticas tienen menos escaparate.

Además, ir  a una fiesta no demuestra tener una economía desahogada. Se puede salir un día y pasar el resto del mes dejando escasa la compra. Una celebración, una reunión familiar o un café  pueden convivir con la imposibilidad de afrontar una avería. Exigir que una persona renuncie a cualquier pequeño disfrute para reconocer sus dificultades, sería convertir la pobreza en miseria.

El umbral de pobreza monetaria es común para España y se establece según los ingresos, sin descontar previamente el alquiler o la hipoteca de cada hogar. Dos familias con rentas semejantes pueden tener capacidades económicas muy distintas si una dispone de vivienda pagada y otra soporta un alquiler elevado.

Por eso, más que discutir si Murcia “es pobre”, deberíamos preguntar cuántas familias llegan sin margen a final de mes, cuántas aplazan tratamientos o compras necesarias y cuánto dinero les queda después de pagar la vivienda.

Las terrazas llenas forman parte de la realidad murciana. Las dificultades económicas también. Nuestra responsabilidad consiste en mirar ambas sin utilizar una para borrar la otra. Quizá la pobreza más difícil de combatir sea precisamente aquella que aprende a convivir con nosotros sin llamar la atención.

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