MALETAS CON HISTORIA Un paseo por el equipaje de «La Casa del Inventor»
Si te pasas por la casa de Juan Jódar, más conocida como «La Casa del Inventor», te vas a encontrar con mucho más que inventos y tuercas. Entre sus tesoros hay un rincón que te hace viajar en el tiempo sin moverte del sitio: su colección de maletas antiguas.
No son simples cajas para guardar ropa; cada una tiene nombre propio y alguna que otra leyenda que te deja pensando.
¿De la Piquer o de la Obregón?
La colección tiene ese punto de misterio que mola. Hay dos maletas que vinieron de Valencia y que, según le dijeron a Juan, pertenecieron al equipaje de la mítica Concha Piquer. No hay un papel que lo firme, pero verlas ahí te hace imaginar el trasiego de los teatros de antes.
Y la cosa no queda ahí. Hay una Louis Vuitton que lleva una etiqueta a nombre de «Ana». Lo curioso es que, cuando se compró, dentro apareció una revista de Ana Obregón. ¿Sería suya de verdad? Quién sabe, pero la duda ya le da un aire de exclusividad total.
Médicos y empresarios: maletas que «curraron» mucho
Otras piezas son más de «pico y pala» (o mejor dicho, de bisturí y oficina):
-Está la maleta de trabajo de D. José Fernández Corredor, un médico de los de antes, especialista en pulmón y corazón.
-También la de Juan Delgado, el oculista de aquí de Lorca.
-Y una con mucha solera: la de D. Eduardo Beltrán, que se supone, la trajo desde Barcelona antes de montar su imperio textil.
Del lujo del Titanic al ingenio del emigrante
Lo que más sorprende es el contraste. Por un lado, tienes una maleta de 1912, que es clavadita a las que se hundieron con el Titanic. Un lujo de otra época.
Por otro, está la cara B de la historia: una maleta de madera. En aquellos años, si no había dinero pero te sobraba maña, te la fabricabas tú mismo para poder marcharte a buscarte la vida. Es la maleta del emigrante «apañao», y probablemente sea la que más historias de esfuerzo guarda.
Calidad de la buena (años 30 y 40)
Para terminar, Juan tiene varias piezas de los años 30 y 40. Ahí es donde se nota qué era la calidad de verdad: cueros buenos y acabados que hoy en día son imposibles de encontrar.
Si alguna vez tienes la suerte de visitar La Casa del Inventor, fíjate bien en estas maletas. Porque, aunque ahora estén quietas, se nota que han dado muchas vueltas al mundo.


