LA FIESTA DE OTROS Y LA FACTURA DE SIEMPRE

1 de junio de 2026 - redaccion Eco

Madrugas, te tomas el primer café del día repasando mentalmente los malabares que toca hacer este trimestre para cuadrar las cuentas y sobrevivir a la siguiente cuota, y de repente, la bofetada de realidad te da en toda la cara.
Haces números, sumas lo que aportamos mes tras mes al sistema con el sudor de nuestra frente, y la ecuación sigue siendo un absoluto disparate.
El caso es que no me cuadra con los impuestos que pagamos que tengamos a nuestros pilares fundamentales pidiendo auxilio a gritos:
 Tenemos a la policía sin los medios adecuados para hacer su trabajo y protegernos.
 Un ejército mermado y olvidado por las administraciones.
 Unos sanitarios exhaustos que sostienen el sistema por pura vocación.
 Unas carreteras llenas de baches que parecen caminos de herradura.
Bomberos y forestales suplicando por medios decentes y mejores condiciones laborales.
 Un sistema ferroviario en decadencia, donde se compran trenes que no caben por los túneles y donde la falta de mantenimiento nos acaba costando pérdidas humanas.
Pero claro, pones la tele y rápidamente sales de dudas. Lo que hemos estado pagando desde hace un montón de años no es el famoso Estado de Bienestar, es la fiesta de otros. Y claro, ya no son cuatro gatos; son un montón de garrapatas chupando la pasta, y esto que digo lo vemos habitualmente en los países del tercer mundo. Países donde los mandatarios son millonarios pero el pueblo pasa hambre. Lo vemos en los regímenes comunistas también: dirigentes bien nutridos con la cartera bien llena, mientras al ciudadano que obedece y traga solo le dejan las migajas para sobrevivir.
Vemos cómo muchas de esas supuestas ayudas que enviamos a todos esos países, se quedan por el camino en forma de comisiones obscenas y gastos de representación. Lo vemos a diario. Vemos cómo esas espirales de corrupción política exprimen al pueblo, dejándolo sin recursos.
Y no nos engañemos, el objetivo no es casual: un pueblo al que exprimen y dejan sin recursos termina siendo un pueblo dócil. Sin recursos monetarios y, lo que es peor, sin recursos intelectuales. Porque en la trastienda de la política, todo está dicho y hecho con un sentido, esperando una reacción.
Solo espero que aún queden jueces valientes y una policía valiente, que sea incluso capaz de investigarse a sí misma, para que de una vez por todas haga una limpia y depure este país. Que metan a todos los corruptos en prisión, desde el número uno hasta el último.
Y por favor, señora ciega de la justicia, esta vez te necesitamos rápida y veloz, y no con la exasperante lentitud a la que nos tienes acostumbrados.
Porque quiero seguir viviendo en un país respetado. Quiero seguir sintiéndome orgulloso de lo que somos y no tener que sentir vergüenza.
El eco del Guadalentín.
Lectura para gente interesante.