Ruta de Zagreb a Virovitica: Postales de una Vieja Europa y Joyas en la Frontera

3 de junio de 2026 - redaccion Eco

Salimos de Zagreb después de un paseo largo, una comida más que aceptable y unos cafés reparadores. Los niños, por su parte, descubrieron el chocolate blanco a la taza, lo que ralentizó deliciosamente nuestra partida. No nos dimos mucha prisa en ponernos en marcha; nos esperaban un par de horas de carretera y, la verdad, el país te hace sentir confiado. Como si estuviéramos en casa.
Es lo que tiene la vieja Europa: a menudo criticamos y despotricamos de ella, pero vivimos en un lugar maravilloso. Durante el trayecto no vi controles de policía, algo que en otras latitudes resulta atosigante y, a veces, infunde más miedo que los propios delincuentes. Quienes hayáis viajado a países africanos sabréis perfectamente a lo que me refiero.
Para el viaje alquilamos un Ford, un coche ni muy grande ni muy pequeño, justo para los cuatro, aunque desde luego más anchuroso que nuestro viejo Jeep.
Zagreb es una capital pequeña —entre 700.000 y un millón de personas, según cómo se mida—, lo que permite que el tráfico en la periferia sea bastante aceptable. Ya conocéis mi estilo: en cuanto nos deshicimos del corsé de la capital, buscamos salir de la autovía para adentrarnos en lo menos conocido del país.
Avanzábamos hacia esa franja donde Croacia, que dibuja una suerte de «C» en el mapa, abraza a Bosnia y Herzegovina, quedando al sur el territorio bosnio y al norte Hungría. Nos topamos con una inmensa llanura de cultivos donde la agricultura se erige como el principal sustento de sus habitantes; se trata, sin duda, de la zona menos turística de la región. Al llevar unos pocos kilómetros rodando por una carretera nacional —de un solo carril por sentido, con apenas arcén—, comenzaron a sucederse pequeños pueblos con casas unifamiliares, todas con su jardín delantero y las tierras de labor en la parte trasera.
En este trayecto vimos algunas cosas que nos llamaron la atención y que solo logré comprender días después. Nos encontramos con una iglesia en ruinas con la fachada muy estropeada, cada poco divisábamos alguna casa con los techos caídos, como si hubieran sido pasto de las llamas, y muchas viviendas al borde del camino mostraban el ladrillo visto, completamente sin enlucir. Estampas mudas de un pasado reciente y doloroso que aún cicatriza a pie de carretera.
Llegada a Virovitica y el Palacio de los Pejačević
Llegamos ya de noche a Virovitica y lo primero fue buscar un alojamiento. El coche era cómodo, pero no tanto como para dormir los cuatro dentro. En la entrada del pueblo encontramos una habitación amplia para la familia; un alojamiento de estos modernos en los que necesitas un código PIN para entrar, el cual te facilitan al registrarte de forma digital. Muy cómodo y fácil. Una vez instalados, y pese a que no eran más de las ocho de la tarde, la noche ya era cerrada y no se veía un alma en la calle. Por estas tierras madrugan mucho y se recogen pronto, así que nos pusimos a buscar un lugar para cenar, sabiendo que ya íbamos tarde para las costumbres locales.
A la vuelta a la habitación ya tarde descubrimos que estábamos sobre un bar de copas con música. Afortunadamente yo me duermo aunque caigan bombas alrededor pero no así mi mujer que estaba por bajarse y unirse a la fiesta…
Virovitica es un pueblo de unos 13.000 habitantes, aunque contando todo el municipio no pasa de los 20.000. No busquen grandes edificios ni alturas; predominan las casas de una o dos plantas y algún que otro adosado. Sin embargo, en el mismo corazón del pueblo, emerge un magnífico palacio con una historia formidable de transformaciones a lo largo de los siglos: el Palacio Pejačević.
Esta joya barroca y clasicista fue edificada en 1804 por la influyente familia noble Pejačević, quienes lo erigieron sobre los cimientos de una antigua fortaleza medieval. El edificio destaca por su planta en forma de U, sus miradores salientes, sus elegantes arcadas interiores y una gran terraza cubierta. En la actualidad, el histórico inmueble alberga el Museo de la Ciudad de Virovitica, que ofrece exposiciones interactivas sobre la historia local y la época de la nobleza en Eslavonia.
El palacio está rodeado por unos jardines grandiosos que ostentan robles con más de 300 años de antigüedad. Rediseñados en su día al estilo inglés, son unos jardines sin vallas, ajenos al urbanismo encorsetado y a las modas; salvajes, naturales y sumamente atractivos. Nos recreamos paseando por ellos, comprobando hasta las tantas de la noche que en Croacia, afortunadamente, se puede caminar por los parques con total seguridad.