El Conservatorio de Lorca:Un contenedor de historia y música PARTE II por MariaM
El edificio del antiguo Real Colegio de la Purísima Concepción, hoy sede del Conservatorio Profesional de Música «Narciso Yepes», es un magnífico ejemplo de la arquitectura civil ilustrada del siglo XVIII en Lorca. Su estructura no busca la ornamentación excesiva, sino la sobriedad, el orden y la dignidad institucional, valores propios de la época en la que fue concebido.
La Fachada: El símbolo de su origen Lo primero que destaca es su sobriedad exterior, que refleja la seriedad de la función educativa para la que fue creado. Construido con una disposición geométrica clara, la fachada es el elemento que mejor conserva la memoria histórica del edificio:
Escudos nobiliarios y reales: En la parte central de la fachada, se pueden observar los escudos reales y los del fundador, Don Francisco Arcos Moreno, esculpidos en piedra. Son el testimonio pétreo de que este edificio nació bajo protección real y con un propósito de alta jerarquía académica.
Portada: Al acceder al zaguán, se encuentran los escudos del Cabildo Colegial, del Obispo Mirallas y del fundador, elementos que daban prestigio y autoridad a la entrada del colegio.
Composición: La fachada sigue la línea de los edificios públicos del siglo XVIII, donde la simetría y el ritmo de los huecos buscan transmitir una imagen de estabilidad y orden.
El Interior: Un espacio recuperado
La gran transformación del edificio ocurrió en su interior durante la restauración llevada a cabo en los años 90, dirigida por el arquitecto lorquino Simón Ángel Ros, fue fundamental. El proyecto no solo buscó adaptar el edificio para la música, sino devolverle su alma arquitectónica original. Su enfoque fue «limpiar» el edificio de añadidos posteriores (cuando fue instituto de enseñanza media o colegio de primaria) para recuperar la estructura original.
La recuperación de la luz: Uno de los logros más importantes fue la reapertura de huecos y ventanas que habían sido tapados a lo largo de los años, devolviendo la luz natural a las aulas y pasillos.
Distribución: Al ser una construcción condicionada por su ubicación en la ladera y su integración sobre los restos de la muralla medieval, el edificio no sigue el esquema tradicional de patio central. En su lugar, el inmueble se organiza mediante una estructura lineal y volúmenes que se adaptan a la topografía del terreno, utilizando espacios abiertos y terrazas que sirven de respiro y conexión entre las distintas zonas docentes.
La sorpresa arqueológica y funcional Un aspecto notable es cómo el edificio integra su pasado con su uso presente. Durante la restauración, se descubrió que el inmueble se asentaba sobre restos de antiguas estructuras defensivas. La intervención fue respetuosa, permitiendo que hoy convivan capas de historia con la formación artística.
Más allá, el edificio destaca por una intervención écnica muy inteligente: la construcción del torreón que aloja el segundo núcleo de comunicación. Ante los daños estructurales de 2011, se optó por la construcción de un nuevo volumen, diseñado con la estética de un torreón, para albergar el segundo núcleo de comunicación. Esta parte del edificio quedó en estado crítico, con graves daños estructurales y grietas que comprometían su estabilidad. En su lugar, se levantó esta nueva estructura diseñada para dar estabilidad a los antiguos muros a la vez que resuelve la accesibilidad mediante un ascensor y una escalera moderna. Este añadido se integra en el conjunto permitiendo que la modernidad asegure la funcionalidad de un edificio del siglo XVIII
La adaptación a la música Aunque el edificio es del siglo XVIII, su «piel» interior es moderna. Al convertirse en Conservatorio, la arquitectura tuvo que adaptarse a necesidades acústicas específicas: insonorizar las aulas sin romper la estética de los muros históricos. El resultado es un contraste muy especial: techos altos y gruesos muros de piedra que, en lugar de albergar el silencio monástico o los pupitres de un colegio público, hoy contienen el sonido de pianos, violines y guitarras.
Es una estructura que ha sabido «absorber» su uso: pasó de la teología barroca a la enseñanza básica y, finalmente, al arte sonoro, manteniendo siempre esa sensación de recinto dedicado al saber.














